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Editorial

EE.UU. adopta un positivo enfoque “negativo” al comercio con los empresarios cubanos

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De conformidad con el nuevo enfoque del Presidente Obama a las relaciones con Cuba, el Departamento de Estado dio a conocer el viernes su lista de bienes y servicios aprobados para la importación por parte del incipiente pero creciente sector privado cubano. Ahora, los estadounidenses pueden apoyar directamente a los empresarios y las cooperativas cubanos por medio del comercio, una medida que los formuladores de políticas esperan que los dote de lo necesario para poder determinar su propio futuro económico y político.

La lista de la sección 515.582, caracterizada como un “documento vivo” que se someterá a actualizaciones periódicas, puntualiza más las regulaciones hechas públicas en enero por los Departamentos de Comercio y del Tesoro, con las que se busca abrir un nuevo camino. Dicha sección adopta un enfoque “negativo” permisivo que especifica categorías de artículo prohibidas y permite la importación hacia los Estados Unidos de todo lo que no esté especificado como artículo permisible. Establece un marco flexible y marca la pauta propicia para promover el comercio con aproximadamente 500,000 trabajadores cuentapropistas registrados.

No es de extrañar que ciertos productos, como por ejemplo los agrícolas (el azúcar y el tabaco), algunos textiles (el algodón y la lana), los fármacos, y los metales básicos (el níquel) hayan quedado excluidos, pues estos productos son producidos casi exclusivamente por empresas estatales. A diferencia de la lista de artículos enumerados en dicha sección, es de notar que las nuevas regulaciones autorizan la importación de todos los servicios ofrecidos por el sector privado, con lo cual se permite a las empresas estadounidenses acceder al capital humano del que tanta fama tiene la isla. Por ejemplo, los estadounidenses ahora pueden contratar a empresarios o cooperativas cubanos para diseñar software, prestar servicios de contaduría, o traducir documentos, siempre y cuando los mismos estén certificados como independientes del Estado. El enfoque negativo ya tiene visos bien positivos.

La ejecución de esta política, no obstante, entraña grandes retos como consecuencia de los más de cincuenta años de relaciones gélidas y el contexto actual de Cuba.

Envíos. Cuba y los Estados Unidos no tienen todavía servicios directos de correo y paquetería y el bloqueo de Estados Unidos impide los envíos entre los dos países a los proveedores de mayor cobertura global (UPS, FedEx, DHL). La alternativa más factible al transporte convencional de mercancías es el equipaje no acompañado llevado en los vuelos chárter diarios entre Florida (mayormente) y la isla. Aunque este modo de transporte no es muy conducente para los envíos comerciales, este esquema facilitaría el micro comercio, fortalecería la confianza y limaría asperezas.

Aranceles. Los productos importados por parte de empresarios cubanos con un valor total superior a USD $800 estarán sujetos a los aranceles establecidos en la Ley de Smoot-Hawley, los cuales en algunos casos ascienden al 50%. Como miembro de la OMC, Cuba recibe el trato de la Nación Más Favorecida; no obstante, debido a una excepción por razones de seguridad, el bloqueo de EEUU permite estos niveles de arancel exorbitantes. Al menos en el corto y mediano plazo, los importadores enfrentan tasas prohibitivas.

Operaciones financieras. Las modificaciones regulatorias del 16 de enero permiten el uso de tarjetas de débito y crédito en la isla y permiten a las instituciones financieras estadounidenses abrir cuentas de banco corresponsal en la isla para “facilitar el proceso de operaciones autorizadas.” Sin embargo, esto tardará un tiempo en implementarse y requiere que los actores relevantes (Visa, Mastercard, Western Union, y los bancos principales con sede en EE.UU.) estén dispuestos a asumir el riesgo en vista de la incertidumbre del marco regulatorio en Cuba. La mayoría de los cubanos realizan sus negocios en efectivo en lugar de usar el excesivamente regulado sistema bancario nacional, el cual es más reducido ahora que lo que era en 1959. Hasta que las instituciones financieras establezcan la infraestructura necesaria, todavía puede ser difícil de efectuar pagos por los servicios prestados o bienes despachados, que no sean en efectivo.

Categorías de empresarios. Los importadores estadounidenses sólo pueden participar en operaciones con empresarios cubanos independientes acreditados con documentación como ser la licencia de entidad cuentapropista emitida por el gobierno de Cuba. Hasta este momento, el gobierno cubano se ha limitado a identificar 201 categorías de actividades autorizadas para los cuentapropistas. Amplios segmentos del capital humano cubano quedan excluidos de participar en este sector emergente, en su mayoría, los profesionales de las carreras como los economistas, los ingenieros, los abogados y los médicos. Queda por ver si el gobierno cubano aumentará el número de categorías permisibles o introducir una lista negativa, similar a la lista de importaciones del Departamento de Estado.

Comunicación. Cuba sigue siendo uno de los países con clasificación más baja en cuanto al acceso a Internet, por lo que es difícil recibir y surtir pedidos, comunicarse con los compradores, o establecer centros de llamadas telefónicas. Los ciudadanos cubanos están deseosos de modernizar y expandir su infraestructura de telecomunicaciones, pero el gobierno cubano es muy lento en ampliar el acceso y probablemente sea reacio a ceder el control. Las nuevas regulaciones emitidas en enero permiten a las compañías de telecomunicaciones estadounidenses competir con mayor facilidad en el mercado cubano, pero queda por ver si la Habana tiene interés.

La mayor incógnita es cómo el gobierno cubano responderá a estos y otros elementos de la nueva política de interacción. No es claro, por ejemplo, si los empresarios podrán incluso exportar bienes y servicios en el corto plazo. A fin de crear un ambiente más propicio para los negocios y atraer la inversión que hace tanta falta, el marco regulatorio y el sistema judicial de Cuba requieren de reformas importantes. Este es un reto de más largo plazo que Cuba tiene que enfrentar, pero al hacerse cada vez más activos la comunidad internacional y el sector privado cubano, deberá intensificarse la presión para reformas más profundas y aceleradas.

Este cambio de política y las modificaciones regulatorias resultantes son cuestiones complejas y se han elaborado e implementado con celeridad, dentro de lo que suele suceder en el ámbito público. Las compañías tardarán en ponerse al día y decidir si van a asumir los riesgos de esta interacción. Pero los beneficios son claros: la autorización de importaciones de empresarios cubanos inyecta capital en el sector no estatal, establece relaciones entre empresarios cubanos y ciudadanos americanos, e incluso puede facilitar una reconciliación entre los dos países que tanto urge. El Congreso haría bien en tener en cuenta el impacto positivo que el comercio podría tener en los ciudadanos cubanos, al considerar el proyecto de ley bipartidista recién presentada para poner fin al bloqueo.

Este artículo fue publicado inicialmente por The Huffington Post.

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