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Editorial

Visita de Obama a América Latina: Redefinición de las relaciones entre EE.UU. y Brasil

Carlos Aramayo y Carlos Pereira

La visita del Presidente Obama a Brasil llega en un momento importante para las relaciones entre EE.UU. y Brasil. A lo largo de los últimos ocho años de gobierno del Presidente Lula en Brasil, surgieron serios desacuerdos entre ambas naciones. En particular, el anterior presidente brasileño disgustó mucho a los Estados Unidos cuando su gobierno buscó estrechar lazos con Irán en un intento por respaldar el desarrollo iraní de energía nuclear para fines pacíficos. A pesar de este y otros inconvenientes diplomáticos, las relaciones entre los dos países se mantienen relativamente sólidas en diversos temas, entre los cuales se incluyen antinarcóticos, comercio, energía, medioambiente, promoción de biocombustibles, derechos de propiedad intelectual y brindar seguridad en Haití.

Con la nueva presidente de Brasil, Dilma Rousseff, existen indicios de relaciones más cálidas entre ambos países. La política exterior de Brasil ahora es menos ideológica y más pragmática, particularmente en lo relacionado con obtener el respaldo de EE.UU. para que Brasil tenga una banca permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Rousseff ha dejado en claro que Brasil abandonará su postura ambigua sobre temas de derechos humanos. Brasil ha suavizado su retórica sobre el tema nuclear iraní y ya no quiere ser parte de las negociaciones. Durante una entrevista reciente, la Presidente Rousseff aclaró que quería mejorar los lazos entre EE.UU. y Brasil.

Históricamente, la diplomacia exterior de Brasil ha sido defensora de la creación de un orden mundial que sea más receptivo a diversos intereses. Sin embargo, Rousseff tiene un nuevo enfoque de la política extranjera de Brasil, que continúa preservando su compromiso de multilateralismo mientras que al mismo tiempo conserva una voz independiente e inquebrantable en asuntos internacionales.

A pesar de los recientes saltos en las relaciones entre EE.UU. y Brasil, la economía estadounidense está más interconectada que nunca con la de Brasil. Estados Unidos ha reconocido que manejar su relación con la nueva administración brasileña es una prioridad cada vez más importante para la política exterior estadounidense y sus intereses económicos. Durante su visita a Brasil, seguramente Obama aprovechará la recalibración que Rousseff está llevando a cabo con su política exterior y buscará el respaldo de Brasil en diversos temas. Sin embargo, las “guerras cambiarias”, las disputas comerciales y otros temas geopolíticos indudablemente pondrán a prueba la buena voluntad de ambos presidentes.

A pesar de estos desafíos, todavía hay oportunidades de cooperación en temas como mitigación del cambio climático, seguridad energética, comercio y reducción de la pobreza mundial. Por ejemplo, la manera en que Brasil maneja la deforestación en el Amazonas y explota su petróleo tendrá un importante impacto sobre los esfuerzos globales para tratar el cambio climático y los problemas energéticos. Petrobras, el gigante petrolero de Brasil, es el líder mundial en perforaciones marítimas y su experiencia podría ser bienvenida en los Estados Unidos. Además, ambos países quieren mantener la estabilidad regional. Sin embargo, el nuevo rol de liderazgo que Brasil tiene en América Latina crea un panorama político regional diferente para Estados Unidos, que ahora debe darse cuenta de que toda base militar nueva en la región deberá contar primero con el sello de aprobación de Brasil.

Un tema que ha sido una fuente de especial fricción en las relaciones entre EE.UU. y Brasil es el comercio. El año pasado, las tensiones comerciales crecieron enormemente después de que Brasil se impuso en el pleito por los subsidios de EE.UU. al algodón ante la OMC. Brasil obtuvo permiso para tomar represalias con barreras comerciales en diversos artículos estadounidenses. Estados Unidos rápidamente se las arregló para abastecerse durante un par de años subsidiando a los productores algodoneros brasileños. Sin embargo, este enfoque fue insostenible. Ambos países son productores de alimentos y por lo tanto, son competidores. El gobierno de EE.UU. debe permitir que sus subsidios caduquen para que pueda producirse la competencia en un mercado libre. Lo mismo es cierto para el etanol. Brasil tiene los conocimientos técnicos para producir etanol de alta calidad, más económico y limpio que el etanol de EE.UU. Sin embargo, el mercado de etanol estadounidense está cerrado para Brasil.

Independientemente de estos desacuerdos, no todo es pesimismo. Después de todo, Estados Unidos es el segundo socio comercial más grande de Brasil. A medida que las tensiones entre Brasil y China crecen debido a las prácticas comerciales de Beijing, ciertamente existe potencial para que Estados Unidos y Brasil lleguen a un acuerdo intermedio en algunas de sus discrepancias comerciales. Mostrarles a los chinos que Brasil tiene opciones, como la de jugar junto con Estados Unidos, podría ayudar a aplicar cierta presión en el tema del yuan y crear oportunidades para las empresas brasileñas en el mercado chino.

Brasil ha aumentado su peso en foros multilaterales, lo que ha sido bien visto en los Estados Unidos. La administración Obama ha respaldado los esfuerzos de Brasil por obtener un mayor número de votos en el FMI y el Banco Mundial. Sin embargo, Estados Unidos se ha mantenido en silencio acerca de los esfuerzos de Brasil para convertirse en miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. El hecho de que Brasil haya elevado significativamente su perfil internacional y se esté convirtiendo en un jugador mundial cada vez más importante debe seducir a Obama y a los Estados Unidos para que afiancen una alianza estratégica con esta potencia emergente.

En consecuencia, Estados Unidos debe alentar la búsqueda de Brasil de una banca permanente en el Consejo de Seguridad. ¿Por qué? Porque si bien es cierto que Brasil todavía debe enfrentar algunas tareas bastante intimidantes, como reducir la pobreza, la corrupción, la infraestructura y sostener el crecimiento, el surgimiento de Brasil como un jugador global se presenta institucionalmente sostenible. La administración Obama también podría usar esto como una oportunidad para suavizar las tensiones comerciales que probablemente se incrementen debido a la renuencia de Washington a dar marcha atrás con los subsidios al algodón y el etanol.

El surgimiento de Brasil como uno de los principales jugadores globales ha rediseñado las líneas de poder en el hemisferio sur. Como resultado, ambos países necesitan desarrollar líneas de comunicación institucionalizadas y ad hoc que aumenten el entendimiento.

Por su parte, Estados Unidos ha demostrado entender la nueva realidad regional y parece estar posicionándose para avanzar con cierto pragmatismo en la relación para que ambos países puedan estar de acuerdo mientras Brasil trabaja para cumplir con determinados requisitos previos nacionales antes de convertirse en un jugador global verdaderamente sostenible. Durante esta transición, los desacuerdos en ciertos temas y la colaboración en otros estarán a la orden del día.

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