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Editorial

El pragmatismo de la Secretaria Clinton: ¿Puede cambiar la Organización de los Estados Americanos?

En su discurso ante la Organización de Estados Americanos (OEA), la Secretaria de Estado Hillary Clinton hizo una dura advertencia a los líderes del Hemisferio Occidental allí congregados para la cumbre anual de la organización celebrada esta semana en Lima. Clinton dijo que la OEA se arriesga a perder su importancia a menos que se pongan en práctica sus prioridades manifiestas y que se asuman responsabilidades en relación con el presupuesto. Exigió asociaciones prácticas y medidas rentables para promover el estado de derecho, el gobierno democrático, la inclusión económica y la reparticipación de los costos. Lamentó la gran cantidad de proyectos que los miembros de la organización intentan proponer en las reuniones anuales, pero ignoran una vez vuelven a sus países. Reconoció que existen demasiados proyectos que poner en práctica con los limitados recursos de la OEA. Deben identificarse las prioridades y adecuar la financiación en concordancia. Para respaldar esta teoría, la administración Obama solicitará un aumento del 3% en la financiación de Estados Unidos para la OEA.

En la última década la OEA se ha convertido en un centro de retórica. El consenso es la base para aprobar acciones, lo cual tiene como resultado interminables debates y poquísimas decisiones. En el 2009, no obstante, sus miembros tuvieron que decidir la admisión de Cuba y la no restitución de Honduras en la organización. Ambas decisiones fueron polémicas, pero los principios subyacentes estaban claros, más concretamente los Estatutos Democráticos de la OEA. El Presidente Obama y otros dirigentes del continente acordaron que Cuba debía ser miembro por derecho de la OEA siempre que cumpliera los criterios de los Estatutos Democráticos. Honduras fue expulsada porque su destitución del Presidente Zelaya contradecía dichos principios.

La puesta en práctica de esas dos decisiones no ha sido fácil. El Presidente Castro sigue reteniendo a presos políticos y negando la libertad de expresión a su pueblo. El expresidente Zelaya insiste en volver a Honduras. Mientras tanto, el recién elegido gobierno hondureño está en proceso de cumplir todos los requisitos del Acuerdo de Tegucigalpa/San José instaurado bajo los auspicios de la OEA. Aceptar el retorno de Zelaya significaría cumplir un requisito más y podría significar el estallido de más violencia entre sus partidarios y el gobierno. Ni el asunto de Cuba ni el de Honduras se resolverán en la cumbre anual ya que son demasiado polémicos. En su lugar, los miembros de la OEA prefieren presentar un nuevo tema: frenar una carrera armamentística en el continente. En la reciente conferencia sobre este tema celebrada por Brookings y la Universidad de Defensa Nacional, los expertos llegaron a la conclusión de que no existe una carrera armamentística de ese tipo en la actualidad.

El discurso de la Secretaria Clinton insinuó cierta irritación por las continuas discusiones de los miembros de la OEA sobre temas que raramente tienen un seguimiento práctico. La Secretaria Clinton exigió al resto de miembros de la organización que tomaran decisiones responsables. Con el fin de construir una organización multilateral más fuerte y eficaz, la OEA debería intentar conseguir lo siguiente:

  1. Centrarse en su misión primordial de potenciar unas instituciones democráticas fuertes, como misiones de vigilancia electoral, y adaptar su presupuesto en base a las actividades clave;
     
  2. Reformar el presupuesto de la OEA para acabar con su actual posición económica insostenible, que supone una amenaza a su viabilidad; y
     
  3. Cumplir con los Estatutos Democráticos a través de un plan de acción en colaboración y un proceso de revisión igualitario. Para guiar este proceso, los miembros deberían crear un relator especial para la democracia.

Para conseguir esos tres objetivos, la OEA debería intentar ser eficaz y evaluar sus progresos. La utilización de estrategias de negocio modernas para identificar las prioridades y evaluar el progreso será bien recibida por el Congreso de los Estados Unidos, que debe aprobar las contribuciones del país al presupuesto de la OEA. También será apreciada por aquellos que se sienten frustrados por la falta resultados de la OEA a la hora de conseguir sus objetivos.

Sin embargo, la petición de modernidad y pragmatismo hecha por Clinton corre el riesgo de distanciar a aquellos que se benefician del sentimiento antiamericano. El grupo bolivariano, liderado por Venezuela, así como los brasileños, que persiguen sus propias alianzas globales, podrían dejar la OEA y formar su propia organización hemisférica sin Estados Unidos. En relación con esto, la cumbre hemisférica celebrada en Cancún a principios de este año indicó que la mayoría de gobiernos latinoamericanos estarían dispuestos a unirse a esta nueva institución.

El realismo y el escepticismo de Estados Unidos hacen menos probable que esto suceda. ¿Quién establecería una secretaría para convocar las reuniones y pagar los gastos? ¿Quién dedicaría el tiempo, la capacidad de gestión y los recursos para crear una institución fuerte? Si los países del continente (a excepción de Brasil) no están dispuestos a aumentar su participación en el actual presupuesto de la OEA, ¿de dónde sacarán la financiación para crear una nueva organización multilateral? La Secretaria Clinton reconocía esta realidad cuando dijo que la OEA era “la organización multilateral más importante del hemisferio”. El deseo de fortalecer dicha organización indica que otra institución a nivel de todo el hemisferio podría complicar las políticas y la influencia de Estados Unidos en la región.

Con un déficit presupuestario significativo y la necesidad de poner fin a ciertos programas de la OEA, ha llegado la hora de ver las cosas como son. A diferencia de su predecesora, que raramente asistía a la Cumbre Anual de la OEA, la Secretaria Clinton ha demostrado su compromiso personal con el continente a través de sus frecuentes visitas y de su voluntad de buscar financiación adicional para cubrir el déficit presupuestario de la OEA. La Secretaria Clinton es una persona realista y elocuente, dispuesta a enfrentarse a sus oponentes para conseguir “asociaciones prácticas para luchar por intereses comunes”, asociaciones que “serán evaluadas en función de los resultados”. Sus palabras serán cuestionadas, pero Clinton debería mantenerse firme.

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