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Artículo

Reducir el riesgo de catástrofes: ¿por qué importan los derechos humanos?

y

INTRODUCCIÓN

En la actualidad, los derechos humanos obligan a los Estados a adoptar medidas para mitigar el riesgo de catástrofes naturales o provocadas por el hombre – incluidas las debidas al cambio climático- y evitar así los desplazamientos.

Recientemente, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos clarificó tales obligaciones cuando tuvo que determinar en qué casos la muerte debida a un desastre natural o provocado por el hombre suponía la vulneración de los derechos humanos por parte de un Estado y le obligaba a indemnizar a los supervivientes. La jurisprudencia del Tribunal nos permite concluir que no adoptar medidas factibles para prevenir o mitigar las consecuencias de catástrofes previsibles equivale a vulnerar el derecho a la vida, de lo cual se desprende la responsabilidad del Estado en virtud de la legislación internacional. A este respecto, dos de las sentencias del Tribunal (causas Öneryildiz y Budayeva) cobran especial relevancia.

La causa Öneryildiz [1] trata sobre las consecuencias de una explosión de metano en un vertedero público utilizado por varios distritos de la ciudad y situado en una colina con vistas al valle en Ümraniye (Estambul). Las chabolas cercanas al vertedero fueron engullidas por los deshechos y murieron 39 personas. Aproximadamente dos años antes, los expertos advirtieron a las autoridades del riesgo de que se produjera semejante explosión, pero no se tomaron medidas, ni para quemar los gases acumulados en el vertedero, ni para evacuar a los vecinos.

La causa Budayeva [2] estudia la avalancha de barro que, en julio de 2000, arrasó Tyrnauz, una ciudad situada en una zona montañosa del Cáucaso central. Murieron muchas personas y numerosos edificios fueron destruidos. El alud fue provocado por el río Gerhozhansu, que recorre la ciudad, y fue el último de una larga lista de episodios parecidos. La ciudad se había protegido con diques de contención para este tipo de aludes, pero se encontraban seriamente dañados debido a las avalanchas especialmente graves que se produjeron en 1999 y nunca fueron reparados, a pesar de las advertencias del instituto meteorológico nacional. Dos semanas antes del suceso, la agencia informó al Ministerio local de Ayuda contra Catástrofes sobre el riesgo inminente de un nuevo desastre y solicitó que se establecieran puntos de observación en los tramos superiores del río y que se emitieran avisos de peligro en caso necesario. No se tomó ninguna de las medidas propuestas.

El día antes de la gran catástrofe, un río de lodo y deshechos llegó a la ciudad e inundó algunos barrios residenciales, pero no hubo víctimas mortales. Las autoridades locales ordenaron la evacuación de las partes afectadas de la ciudad, aunque no evitaron que los evacuados regresaran a sus casas al día siguiente, cuando el nivel del lodo ya había descendido. Fue en aquel momento cuando la principal avalancha de barro llegó a la ciudad y murieron, al menos, ocho personas.

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[1] Tribunal Europea de Derechos Humanos, Öneryildiz contra Turquía, demanda 48939/99, sentencia del 30 de noviembre de 2004.

[2] Tribunal Europea de Derechos Humanos, Budayeva et al. contra Russia, demandas 15339/02, 21166/02, 20058/02, 11673/02 y 15343/02, sentencia del 20 de marzo de 2008.

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