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15 de octubre, 2019

¿Qué son las escuelas chárter? ¿Cumplen los objetivos?

Students board their school bus in a sub-zero temperature in Minneapolis, January 8, 2014. A deadly blast of arctic air shattered decades-old temperature records as it enveloped the eastern United States on Tuesday, snarling air, road and rail travel, driving energy prices higher and overwhelming shelters for homeless people. According to AccuWeather.com, the extreme cold won't last much longer. The frigid air and "polar vortex" that affected about 240 million people in the United States and southern Canada will depart during the second half of this week, and a far-reaching January thaw will begin, according to AccuWeather.com.  REUTERS/Eric Miller (UNITED STATES - Tags: ENVIRONMENT EDUCATION) - GM1EA190G4I01

Los Vitales

Las escuelas chárter son instituciones con financiación pública y matrícula gratuita. Los administradores de estas escuelas aceptan un nivel mayor de rendición de cuentas a cambio de más autonomía. Aproximadamente tres millones de alumnos asisten a escuelas chárter en 43 estados y en el Distrito de Columbia. Resulta complicado determinar si este tipo de institución escolar funciona. Si bien los últimos cuatro presidentes estadounidenses (Clinton, Bush, Obama y Trump) se mostraron a favor de las escuelas chárter, el respaldo que se les concede se divide según líneas partidarias.

  • En 43 estados y en el Distrito de Columbia las escuelas chárter cuentan con cerca de tres millones de alumnos.
  • En comparación con las instituciones escolares públicas tradicionales, un porcentaje desproporcionado de los alumnos de las escuelas chárter son hispanos (33%) o negros (26%).
  • Resulta difícil determinar si las escuelas chárter funcionan, dado que para hacerlo es preciso conocer con claridad sus objetivos y contar con buenos mecanismos de medición del éxito de los mismos.
 

Los Detalles

¿Qué es una escuela chárter?

Habitualmente la gestión de las escuelas públicas está a cargo de los distritos escolares locales, los cuales toman las decisiones sobre la forma en que operan (en algunos casos mediante convenios colectivos de trabajo con sindicatos de docentes). La mayoría de los alumnos se asigna a las escuelas públicas tradicionales según el barrio en el que viven.

Las escuelas chárter funcionan de un modo distinto. Este tipo de escuelas parten de una propuesta que describe su misión, programa de estudios, estructura de gestión, finanzas y otras características. Dicha propuesta se envía a un ente de autorización aprobado por el gobierno, como un distrito escolar o una universidad. Los entes habilitados para brindar las autorizaciones, al igual que muchos de los aspectos de la legislación que rige las escuelas chárter, varían según el estado. Si el ente autorizador aprueba la propuesta, celebra un contrato con la junta directiva de la escuela en el que se describen los derechos, responsabilidades y expectativas de desempeño de la institución escolar. Esta es la esencia de lo que se ha dado en llamar “el acuerdo de las escuelas chárter”. Los administradores de la escuela aceptan una mayor rendición de cuentas (por ejemplo, la posibilidad de cierre si los niveles de rendimiento académico son deficientes) a cambio de más autonomía (es decir, la capacidad de procurar una temática especializada).

Además de la autonomía y de la rendición de cuentas, la capacidad de elección es otro de los principios esenciales del modelo de escuelas chárter. Los alumnos no se asignan a las escuelas chárter según el lugar en el que viven, sino que sus familias solicitan una plaza en ella. Algunas ciudades recurren a sistemas unificados de matriculación que permiten que las familias soliciten plazas en varias escuelas al mismo tiempo según un orden de preferencia, tras lo cual los alumnos se asignan a las instituciones escolares mediante un algoritmo.

Los principios de rendición de cuentas, autonomía y posibilidad de elección se encuentran interconectados. Por ejemplo, la posibilidad de elección opera como un mecanismo de rendición de cuentas (dado que las escuelas deben atraer familias para poder seguir funcionando), mientras que sus administradores pueden usar la autonomía para diferenciarse y crear una variada serie de opciones para ellas.

¿Por qué resultan polémicas las escuelas chárter?

Desde los primeros tiempos de su formación a principios de la década de 1990 las escuelas chárter lograron el apoyo de coaliciones políticas inusuales: los diferentes grupos percibían en ellas oportunidades distintas. Muchos conservadores se ven atraídos por la competencia de mercado y el control gubernamental limitado. A gran cantidad de progresistas les complace que todas las familias, no únicamente las adineradas, tengan la posibilidad de elegir la escuela a la que asistirán sus hijos. Incluso para algunos dirigentes sindicales resultaron inicialmente prometedoras, ya que le daban a los docentes más posibilidades de expresar sus opiniones sobre las formas de administración escolar.

No obstante, la política en materia de escuelas chárter está cambiando. Desde hace ya mucho tiempo los sindicatos de docentes se han constituido los más acérrimos opositores a este tipo de instituciones escolares: se muestran escépticos de que los educadores que trabajan en ellas tengan efectivamente un mayor control, y frustrados de que solamente el 11% de las escuelas chárter emplean a docentes sindicalizados. En términos más generales puede decirse que el apoyo a este tipo de escuelas se divide según las líneas partidarias ya que los demócratas, especialmente los progresistas de raza blanca, han expresado cada vez más su oposición a ellas. Esta polarización es, en parte, anterior al gobierno del presidente Trump. Por ejemplo, muchos demócratas prominentes, como los senadores Elizabeth Warren y Bernie Sanders, entre otros, se opusieron al referéndum de 2016 de Massachusetts para permitir más escuelas chárter (el cual fue firmemente rechazado). No obstante, el surgimiento del presidente Trump y de la secretaria de educación Betsy DeVos como los partidarios más prominentes de las escuelas chárter ha acelerado la polarización en la opinión pública.

Las críticas específicas a las escuelas chárter varían. Por ejemplo, algunos ven con desagrado que estas escuelas atraigan fondos (y alumnos) públicos que de otro modo se asignarían a las instituciones educativas tradicionales. A otros no les gusta que en algunos estados haya entidades privadas de gestión educativa con fines de lucro que pueden operar escuelas chárter (en 2016 y 2017 cerca de un 12% de ellas tenía este tipo de gestión, según la National Alliance for Public Charter Schools). Hay otros que se preocupan por la falta de transparencia y de fiscalización pública, o incluso que estas escuelas no han logrado cumplir lo prometido.

¿Quién asiste a las escuelas chárter?

A pesar de la atención que reciben estas escuelas, en 2016 y 2017 solamente el 6% de los estudiantes estadounidenses de escolarización pública asistieron a una escuela chárter. Como lo indica la línea azul claro en la figura siguiente , si bien ese porcentaje ha crecido desde el fin de siglo, la tasa de aumento parece estar disminuyendo.

Porcentaje de alumnos de las escuelas publicas estadounidenses que asisten a escuelas charter, por ano escolar y raza o etnia

Cabe notar que un porcentaje desproporcionado de alumnos de las escuelas chárter es o bien hispano (33% de la totalidad de los estudiantes que asisten a ellas) o negro (26%). En la escolarización pública más del 10% de los alumnos negros y el 7% de los hispanos asistió a escuelas chárter en el periodo 2016-2017, en comparación con el 4% de los de raza blanca.

En parte, esta situación refleja que un porcentaje mucho mayor de las escuelas chárter (54%) que de las escuelas públicas tradicionales (25%) operan en ciudades. En muchas ciudades, como Detroit y Washington, D.C., la mayoría o casi la mayoría de los alumnos en escolarización pública asisten a una escuela chárter. En el otro extremo del espectro se encuentra Nueva Orleans, que tiene un sistema de escolarización pública comprendido en su totalidad por escuelas chárter.

¿Funcionan las escuelas chárter?

A fin de determinar si las escuelas chárter funcionan o no es preciso conocer con claridad sus objetivos y contar con buenos mecanismos de medición del éxito de los mismos. No queda claro que tengamos ninguna de esas dos cosas.

Los estudios más comúnmente difundidos comparan el rendimiento académico de los alumnos de las escuelas chárter con los de las demás instituciones escolares. Estas comparaciones imponen desafíos metodológicos dado que las diferencias entre los estudiantes de las otras escuelas públicas y los de las escuelas chárter podrían afectar el desempeño de estos últimos. Es preciso que los investigadores encuentren grupos de comparación razonables.

Uno de los enfoques consiste en analizar las loterías aleatorias que se utilizan habitualmente cuando una escuela recibe más postulantes que las vacantes que posee. En general los investigadores han hallado que el rendimiento de los ganadores de la lotería es mucho mejor que el de los perdedores, aunque estas comparaciones están acompañadas de salvedades considerables. Las únicas escuelas que realizan loterías son las que tienen un exceso de postulantes, por lo que no sorprende que el desempeño de los estudiantes que ingresan a los establecimientos más deseados sea bueno.

El Centro de Investigación sobre Resultados Educativos (CREDO) de la Universidad de Stanford ha optado por un enfoque diferente. Tras recoger datos de alumnos de varios estados y distritos, el CREDO hace una correlación entre los estudiantes de las escuelas chárter y los de las escuelas públicas tradicionales que parecen tener varias similitudes (es decir, misma raza, género, nivel de pobreza, puntajes similares en exámenes y que anteriormente asistieron a las mismas escuelas). Tras ello comparó los puntajes de los exámenes de los alumnos de las escuelas chárter con los correlacionados de las demás instituciones educativas. Si bien esta metodología no es infalible (por ejemplo, las variables utilizadas para realizar la correlación podrían estar omitiendo algún elemento importante) probablemente constituye a la fecha el mejor método para comparar escuelas chárter con las que no lo son y que representan la población estudiantil general de las chárter.

La siguiente figura presenta algunos resultados notables de los estudios del CREDO. La conclusión clave es que, en general, los alumnos de las escuelas chárter tienen un nivel de rendimiento prácticamente similar al de sus homólogos de las instituciones públicas tradicionales, aunque existen variaciones en los diversos tipos de escuelas y de grupos estudiantiles. Por ejemplo, el rendimiento de los alumnos de las escuelas chárter de zonas urbanas es generalmente mejor que el de los de las demás escuelas utilizadas en la correlación (probablemente por diversos motivos) en tanto que los estudiantes de las escuelas chárter en línea presentan un desempeño mucho peor.

Charter School Performance Compared to Matched Traditional Public Schools

No obstante, debemos considerar si, en principio, la comparación entre las escuelas chárter y las tradicionales es el elemento de medición adecuado. Parte de la justificación de la existencia de este tipo de escuelas es que deberían crear instancias de innovación y de presión competitiva que implicarían mejoras tanto para ellas como para los demás establecimientos educativos. De concretarse dichas mejoras (y hay algunas pruebas de ello) estas comparaciones podrían subestimar los beneficios de las escuelas chárter. Si, por ejemplo, dañan a las escuelas públicas tradicionales al reducir el financiamiento o generar incertidumbres al respecto (también existen algunas pruebas en este sentido) esas comparaciones podrían subestimar los costos de este tipo de escuelas.

Independientemente de esto, las comparaciones de los puntajes de los exámenes nos presentan una imagen incompleta del desempeño de las escuelas chárter. Nos importan una serie mucho más amplia de resultados, tales como la forma en que estas escuelas afectan la segregación racial, la medida en que crean opciones para las familias desfavorecidas y si en verdad están generando modelos escolares innovadores. Si bien las investigaciones conexas resultan demasiado extensas para la presente reseña, puede hallarse un buen resumen de ellas en un informe del NBER de 2015.

¿Qué pueden hacer los formuladores de políticas a nivel federal?

Los comentarios de los candidatos presidenciales sobre las escuelas chárter se refieren más a cuestiones políticas que normativas, dado que la educación es algo que se deja en gran medida en manos de los estados. No obstante, el gobierno federal desempeña una función. Por ejemplo, el Departamento de Educación administra el Programa de Escuelas Chárter (PEC) que proporciona fondos de ayuda para su constitución, adquisición de instalaciones y duplicación. En el ejercicio fiscal 2019 el Congreso dedicó 440 millones de dólares al PEC, cifra que registró un aumento considerable durante el gobierno de Trump. Los formuladores de políticas a nivel federal podrían aumentar o disminuir el financiamiento general, además de agregar o eliminar las estipulaciones al respecto (por ejemplo, al impedir que los fondos federales lleguen a las escuelas chárter que operan con fines de lucro).

Con frecuencia los formuladores de políticas a nivel estatal y local toman decisiones trascendentes en materia de escuelas chárter. Dichas decisiones incluyen una amplia gama de cuestiones, tales como fórmulas de financiamiento, topes a la cantidad de escuelas o vacantes permitidas, determinaciones relativas a las escuelas (o tipos de escuelas) que se abrirán, normas sobre los alumnos a los que se les conferirá el ingreso prioritario a las instituciones con mayor demanda, así como requisitos para que las reuniones y archivos sean de carácter abierto.