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Editorial

El significado del TPP para América Latina y el Caribe

Antoni Estevadeordal

El 4 de febrero de 2016, tras cinco años de negociaciones, los miembros del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) rubricaron dicho pacto, considerado el acuerdo comercial de mayor nivel suscripto en la historia.[1] El TPP no solo incluye medidas tradicionales, como la reducción o eliminación de aranceles, sino también disposiciones sobre temas más actuales, como la facilitación del comercio, el apoyo a las pequeñas y medianas empresas (PYMES), las telecomunicaciones, el comercio en servicios innovadores (como las tecnologías digitales) y cuestiones de coherencia regulatoria y competitividad. Asimismo, contempla regulaciones más estrictas en materia de derechos laborales y ambientales, normas sanitarias y fitosanitarias y protección de los derechos de propiedad intelectual (DPI). El TPP se destaca por los altos estándares que establece, así como por la composición de sus signatarios: el conjunto de países miembros (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam) representan el 40 por ciento del PIB mundial, el 26 por ciento del comercio internacional y el 10 por ciento de la población del planeta. En caso de ser ratificado, el TPP se convertirá en el logro más significativo para el comercio mundial desde la finalización de la Ronda Uruguay de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1994.

Un acuerdo de este alcance y magnitud tendrá implicancias sumamente significativas para América Latina y el Caribe (ALC) y para la arquitectura del comercio mundial en su totalidad. A nivel global, el TPP contribuye a recalibrar la arquitectura del comercio internacional. Las negociaciones en el plano multilateral se encuentran estancadas desde la Ronda de Doha y, aunque los miembros de la OMC sellaron el acuerdo de Bali en 2013, se trató de un acuerdo de alcance parcial que sólo aborda un conjunto limitado de temáticas. El año pasado se produjo algún grado de avance cuando, en la Conferencia Ministerial de Nairobi, los miembros de la OMC adoptaron el “Paquete de Nairobi”, mediante el cual asumieron compromisos en temas como agricultura, comercio de algodón y países menos adelantados (PMA). Los miembros signatarios se comprometieron a eliminar los subsidios a la exportación, otorgar acceso a mercados libre de aranceles y de cuotas para las exportaciones de algodón de los PMA y brindar trato preferencial y asistencia técnica para los PMA en el comercio de servicios y de determinados bienes. También se avanzó en el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio, con la ratificación del mismo por parte de otros seis países.[2]Sin embargo, la Agenda de Desarrollo de Doha, que fuera lanzada hace más de una década, quedó al margen de las negociaciones y con pocas esperanzas de revivir.

Este enfoque fragmentario en el plano multilateral refleja que las normas internacionales que rigen el comercio y las inversiones no han sido actualizadas para abordar ciertos temas del comercio contemporáneo y que se carece del marco necesario para abordar las barreras no tradicionales al comercio. En consecuencia, muchos países han recurrido a los acuerdos comerciales regionales y plurilaterales a fin de actualizar sus políticas y procedimientos y avanzar en la liberalización del comercio. Hasta ahora, por su alcance y cobertura, el TPP constituye el logro más significativo y, por lo tanto, desempeñará un papel fundamental para recalibrar el sistema internacional a fin de dar mayor respuesta a las necesidades de las empresas y de los gobiernos.

La región Asia-Pacífico, que se ha convertido en un motor clave del crecimiento económico mundial, ha pasado a ser un socio comercial importante para ALC. El TPP, por lo tanto, entraña una valiosa oportunidad para profundizar el comercio interregional, ya que abre nuevas oportunidades de acceso a los mercados de Asia-Pacífico y permite mejorar las relaciones existentes mediante la ampliación de la cobertura de aquellos temas de comercio e inversión que son más relevantes para el comercio del siglo XXI.

Implicancias para el sistema mundial de comercio

El TPP es un acuerdo pionero, tanto por su profundidad como por su alcance. Es el primer acuerdo en décadas que reúne a un grupo importante de países de diverso tamaño y con distintos niveles de desarrollo económico, y los compromete a un conjunto de reglas muy exigentes. Es comprensible que un acuerdo tan ambicioso suscite sospechas de que beneficiará injustamente a ciertos países, productores o industrias. Aunque con efectos variados dependiendo del tamaño y la composición de cada economía, es evidente que, en general, el TPP tendrá un efecto económico positivo para sus miembros.

Esto quedó demostrado en análisis cuantitativos recientes. Los estudios más completos realizados hasta la fecha pertenecen al Peterson Institute for International Economics (PIIE) y al Banco Mundial (BM). El PIIE brinda un análisis en profundidad del texto del TPP y utiliza un modelo de equilibrio general computable (EGC) para predecir sus efectos sobre el crecimiento y el comercio mundial en los próximos 15 años. Los resultados muestran que las exportaciones anuales de los miembros del TPP aumentarán US$1,025 billones (11,5 por ciento), mientras que la inversión extranjera directa aumentará US$446.000 millones (3,5 por ciento), y los ingresos reales serán US$465.000 millones más altos (1,1 por ciento).[3] Las investigaciones llevadas a cabo por el BM pronostican los efectos económicos del TPP tomando el mismo horizonte temporal. Su ejercicio de modelización muestra un aumento del PIB de entre 0,4 y 10 por ciento para los miembros del TPP y un aumento de las exportaciones de entre 5 y 30 por ciento hacia el año 2030.[4] Aunque cada estudio utiliza metodologías diferentes y parte de supuestos distintos, ambos llegan a la conclusión de que los beneficios de la liberalización arancelaria, la racionalización de las medidas no arancelarias y la eliminación de los obstáculos a la IED tendrán efectos positivos para los países miembros y limitarán los posibles efectos derrame negativos para los no miembros.

Más allá de los beneficios cuantitativos del TPP, el acuerdo tiene implicancias estructurales significativas para la arquitectura del comercio mundial. En primer lugar, el TPP une una serie de “eslabones perdidos” en la red global de TLCs. En segundo lugar, aborda la necesidad de lograr convergencia entre aquellos TLC vigentes que actualmente se superponen. Por último, hace frente también a la necesidad de actualizar las reglas de juego del comercio internacional.

Durante las últimas dos décadas, los TLC han proliferado y han generado una vasta red de acuerdos bilaterales y plurilaterales que conectan a diferentes socios comerciales y regiones. A pesar de estos avances, sigue habiendo eslabones perdidos entre las economías más desarrolladas, como la Unión Europea (UE), los Estados Unidos (EEUU) y Japón; entre ciertas economías en desarrollo de importancia clave, como Brasil, India y China; y entre las economías desarrolladas y en desarrollo, como los EEUU y la UE con Brasil, China o India. Al reunir a dos de las principales potencias económicas mundiales, EEUU y Japón, el TPP contribuye a acortar estas brechas. Lograr este acercamiento es importante por dos motivos. En primer lugar, porque encuadra las relaciones comerciales y de inversión entre los dos países bajo un marco jurídico formal que establece reglas que propician prácticas comerciales más justas y eficaces. En segundo lugar, porque sienta un precedente para las negociaciones futuras entre países que quizás, en el pasado, se hayan sentido desalentados para conformar estas asociaciones debido los obstáculos que percibían entre ellos y sus socios comerciales.

El TPP conecta importantes países desarrollados y en desarrollo (como México y Singapur), así como países en desarrollo entre sí (como México y Vietnam). El establecimiento de estos vínculos es muy importante dado el cambio producido durante los últimos cinco a diez años en los patrones del comercio mundial. Durante dicho periodo, los países emergentes y en desarrollo –en particular, las economías asiáticas– se han convertido en actores cada vez más importantes del comercio internacional, y esto a su vez ha fomentado un aumento en los volúmenes de comercio Norte-Sur y Sur-Sur. Por ejemplo, en 1990 el comercio Sur-Sur representaba menos del 5 por ciento del comercio mundial; en 2013 prácticamente se había cuadruplicado y en la actualidad representa casi el 20 por ciento del dicho comercio.[5] Contar con un marco formal como el TPP para las relaciones comerciales entre estas regiones no solo creará nuevas oportunidades de mercado, sino que también hará que las transacciones comerciales sean más eficientes mediante la racionalización de las políticas y los procedimientos.

El segundo problema estructural que tiene un impacto sobre la arquitectura del comercio mundial es la importancia creciente de las cadenas globales de valor (CGV) en el comercio internacional. Las CGV fragmentan la producción entre múltiples actores ubicados en distintos países y hacen que las empresas multinacionales deleguen parte de su producción a sus filiales en el extranjero. Esto significa que cada vez son más las empresas que operan en diferentes países. A su vez, plantea nuevas e importantes oportunidades para esos países, ya que les permite participar en un eslabón de una red internacional de producción sin tener que construir toda la cadena de suministro a nivel nacional. Asimismo, esta forma de estructurar la producción pone de manifiesto la necesidad de racionalizar los procesos y adaptar las normas y reglamentaciones. La superposición de múltiples reglas puede imponer barreras adicionales al comercio y acarrear costos innecesarios. Por ejemplo, la superposición de normas de origen –las normas que determinan los criterios para que un bien reciba tratamiento preferencial en virtud de un determinado acuerdo comercial– puede disuadir a las empresas de localizar su producción en un determinado país y así afectar la capacidad de las firmas para aprovechar el acceso preferencial a los mercados. Este problema es especialmente grave en el sistema de comercio actual, en el cual un bien final cruza varias fronteras y pasa por numerosas fases de producción antes de llegar a su mercado de destino final, y adquiere todavía más relevancia en el marco del TPP, en el cual existe una amplia red de TLC entre los países miembros (ver Cuadro 1). Diez de los doce países tienen TLC vigentes con al menos la mitad de los miembros del TPP, y más del 80 por ciento del comercio ya está cubierto por estos acuerdos de libre comercio bilaterales existentes.

Cuadro 1. Red de TLC bilaterales vigentes entre miembros del TPP

   Australia  Brunei  Canada  Chile  
 Japan    New Zealand  Malaysia     Mexico     Peru 
    
Singapore
   
U.S. Vietnam  
Australia     X    X  X  X  X      X  X  X
Brunei  X      X  X  X  X      X    X
Canadá        X        X  X    X  
Chile  X  X  X  X  X  X  X  X  X  X  X
Japón  X  X    X      X  X  X  X    X
Nueva Zelanda  X  X    X      X      X    X
Malasia  X  X    X  X  X        X    X
México      X  X  X        X    X  
Perú      X  X  X      X    X  X  
Singapur  X  X      X  X  X    X    X  X
Estados Unidos  X    X  X        X  X  X    
Vietnam  X  X    X  X  X  X      X
   
Total  8  7  4  10  8  6  7  5  6  9  6  7

Fuentes:
U.S. Trade Representative (USTR) Free Trade Agreements. https://ustr.gov/trade-agreements/free-trade-agreements.
Asia Regional Integration Center (ARIC) FTA Database, https://aric.adb.org/fta.
Base de datos INTrade del Banco Interamericano de Desarrollo, https://intradebid.org/

Los miembros del TPP acordaron un conjunto único de normas de origen y permiten la acumulación regional. De acuerdo con estas normas, los insumos de uno de los países miembros del TPP son tratados del mismo modo que los insumos de otro, lo cual ampliará la gama de insumos extranjeros que los productores pueden utilizar en sus exportaciones sin perder preferencias arancelarias. Esto debería incentivar a los productores de los países miembros del TPP a integrar sus redes productivas a través de cadenas de valor e impulsar de ese modo el comercio intra-TPP.

La última cuestión que afecta la arquitectura del comercio internacional es la necesidad de elaborar nuevas normas para hacer frente a la evolución de la economía mundial y sus efectos sobre la forma de comerciar de las empresas. Por ejemplo, los avances en las tecnologías de la información y la comunicación implican mejoras en el transporte y la logística de las cadenas de suministro, ya que permiten el monitoreo preciso de los bienes en tránsito a lo largo de toda la cadena logística, lo cual redunda en cadenas de suministro mucho más conectadas y eficientes. Asimismo, el advenimiento de nuevas tecnologías como el Internet of Things (IoT), la computación en nube o las impresoras 3D están transformando el comercio mediante la remoción de algunas barreras tradicionales y la creación de nuevos canales de intercambio que permiten que productos que en el pasado eran no transables ahora se puedan comercializar internacionalmente. La capacidad de llegar a nuevos clientes y comercializar productos por la vía electrónica significa que un número creciente de empresas está entrando a los mercados internacionales a muy bajo costo, y exportando servicios que hasta hace un tiempo eran considerados no transables. No obstante, estos avances requieren la actualización de las normativas que rigen el comercio internacional. El TPP ha dado grandes pasos en este sentido mediante la inclusión de regulaciones sobre el comercio electrónico, la promoción de las pequeñas y medianas empresas, el fortalecimiento de las prácticas de facilitación del comercio y las disciplinas sobre servicios e inversiones.

Implicancias para ALC

Los países de ALC que son miembros del TPP podrán ampliar sus vínculos comerciales y de inversión en nuevos mercados clave de la región Asia-Pacífico, así como profundizar sus lazos económicos con sus actuales socios comerciales. Si bien Chile, México y Perú ya tenían acuerdos de libre comercio vigentes con los demás miembros del TPP, dicha red de comercio tenía algunos vacíos notorios. Por ejemplo, antes del TPP, México y Perú no tenían ningún TLC vigente con países importantes de la región Asia-Pacífico, como Australia, Malasia y Vietnam. El TPP cubre estos vacíos y proporciona un canal a través del cual los países de ALC pueden mejorar sus políticas y prácticas comerciales y generar un marco para relacionarse en áreas comerciales que van más allá de las tradicionales. Los estudios realizados por el PIIE y BM prevén similares niveles de crecimiento de las exportaciones de los miembros del ALC durante los próximos 15 años. Se espera que el mayor incremento de las exportaciones se produzca en Perú, con alrededor de un 10 por ciento hacia 2030, mientras que las de Chile y México probablemente crezcan entre un 5 y un 4 por ciento, respectivamente.[6]

La creciente presencia de ALC en los mercados asiáticos tiene especial relevancia para los países de ALC, dado el estrechamiento de los vínculos comerciales entre las dos regiones. Asimismo, los cambios económicos y demográficos producidos en Asia durante los últimos años han dado lugar al crecimiento de una clase media con alto poder adquisitivo y al reacomodamiento de algunas economías desde un tipo de crecimiento impulsado por la inversión a otro impulsado por el consumo. Esto abre nuevas posibilidades de acceso de los países de ALC a estos nuevos mercados e incrementa su potencial para diversificar las exportaciones latinoamericanas a esa región. Por ejemplo, Chile podrá aumentar su participación en los mercados de Canadá, Japón, Malasia y Vietnam, y aprovechar sus ventajas estratégicas en los sectores de alimentos (especialmente en agroindustria, lácteos y ganadería) y silvicultura. Esto generará una mayor diversificación de los mercados de exportación para los productos chilenos. En el caso de México, el TPP abre nuevas oportunidades de negocios para la industria manufacturera, especialmente en Australia, Brunei, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur y Vietnam, y entraña la posibilidad de profundizar el acceso de las exportaciones mexicanas al mercado japonés. Algunos sectores, como los de productos electrónicos, automotrices, agroindustriales, químicos, siderúrgicos, perfumes y cosméticos, son los que más beneficios pueden obtener de un trato preferencial. En el caso de Perú, el TPP facilitará el acceso a nuevos mercados en Australia, Brunei, Malasia, Nueva Zelanda y Vietnam, y le permitirá ampliar sus relaciones económicas actuales con Japón y Canadá, lo cual representa una gran oportunidad para los productos agrícolas peruanos. Asimismo, se espera que el TPP impulse las exportaciones no tradicionales de Perú de los sectores agroindustrial, pesquero, manufacturero, algodonero y de indumentaria de alpaca, así como de otras manufacturas.

Más allá de completar los eslabones faltantes entre los países de América Latina y el Caribe y sus socios comerciales de la región Asia-Pacífico, el TPP les permitirá también a los miembros de ALC profundizar los vínculos comerciales existentes por medio de importantes medidas de convergencia. En el marco del TPP, la convergencia reglamentaria se logra a través de la armonización y la acumulación de las normas de origen. La adopción de una única norma de origen debería eliminar el mosaico de normas superpuestas y permitir que los productores puedan aprovechar la zona de libre comercio. Los miembros latinoamericanos del TPP, como México y Perú, podrían beneficiarse de un mayor flujo de inversiones en sus sectores textiles, lo cual les permitiría mejorar sus instalaciones e impulsar el comercio con los Estados Unidos. Esto también podría apuntalar los esfuerzos de los países por elevar el nivel de sus exportaciones hacia productos de mayor valor en otras industrias y fortalecer las cadenas de producción existentes. A modo de ejemplo, los sectores empresariales chilenos ya han identificado ventajas competitivas potenciales en el sector metalúrgico, donde las empresas chilenas podrían utilizar piezas y componentes procedentes de otros miembros del TPP como insumos en sus productos de exportación, beneficiándose de ese modo de las preferencias arancelarias. En México, los productores podrán integrarse a cadenas de producción entre su país y Estados Unidos y Canadá y así fortalecer la integración productiva de estos tres países frente a los mercados asiáticos.

El acuerdo supone además una oportunidad estratégica para que los miembros de ALC mejoren su productividad y competitividad. En áreas como el comercio electrónico, el comercio de servicios, la regulación de las inversiones y los derechos de propiedad intelectual, el TPP incluye disposiciones OMC-plus que van más allá de las reglas multilaterales establecidas por la OMC. En virtud de estas reglas, Chile, Perú y México deberán emprender reformas, modernizar sus reglamentaciones y procedimientos e invertir en sectores con mayor valor agregado. Tales reformas mejorarán la competitividad internacional de estos países y les permitirán atraer más empresas e inversiones a la región. Esto adquiere especial relevancia en los casos de Perú y Chile, cuyas exportaciones se están viendo perjudicadas por la caída de los precios de los productos básicos y el declive de la demanda china.

Los países de ALC que no son miembros del TPP también se verán afectados una vez que el acuerdo sea ratificado. Por ejemplo, las exportaciones del sector de textiles y prendas de vestir de varios países centroamericanos, como Haití y la República Dominicana, podrían sufrir el impacto de una mayor competencia de Vietnam, el segundo mayor exportador de dichos bienes al mercado estadounidense. Sin embargo, es poco probable que estos efectos sean tan severos como algunos analistas sugieren. En primer lugar, está programado que las reducciones arancelarias se vayan produciendo a lo largo de 12 años y, en segundo lugar, los acuerdos incluyen una norma de origen “a partir del hilado” (yarn-forward), que implica que no todas las exportaciones vietnamitas podrán entrar al mercado estadounidense libres de aranceles. A esto se agrega que los exportadores centroamericanos aún tienen ventajas comparativas dadas por su proximidad geográfica a los EEUU y los menores costos de transporte que esto implica. Si los exportadores de Centroamérica invierten en la ampliación y mejora de sus capacidades productivas, pueden fortalecer su competitividad tanto como para competir con cualquier producto excedente proveniente de Vietnam. Por otra parte, los Estados Unidos extendieron hasta 2025 su programa HOPE (Oportunidad Hemisférica Haitiana a través de la Promoción de la Cooperación), que otorga acceso preferencial al mercado estadounidense a las exportaciones haitianas de prendas de vestir, y proporciona una especie de asistencia para el reajuste de los productores.[7]

El principal actor económico de ALC, Brasil, es el gran ausente de este acuerdo. Es probable que este país enfrente entonces una mayor competencia en los mercados asiáticos, donde sus exportaciones estarán compitiendo contra las de países como Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda. Brasil podría encontrar también nuevos obstáculos derivados de la armonización regulatoria relacionada con el comercio agrícola (las normas sanitarias y fitosanitarias) prevista en el TPP. Es de esperar que otros países como Colombia, Costa Rica y Panamá se sumen al TPP. Colombia forma parte de la Alianza del Pacífico, cuyos otros miembros ya participan del TPP, y ha trabajado mucho para reformar sus normas y reglamentaciones comerciales e introducir nuevas normas en las nuevas áreas OMC-plus como los servicios financieros, las disposiciones en materia de facilitación del comercio, la circulación de personas y las regulaciones que afectan las inversiones. Costa Rica y Panamá son otros candidatos prometedores que ya han avanzado en la implementación de reformas comerciales y en materia de inversiones, y han expresado su interés por convertirse en miembros del TPP. El acuerdo TPP es considerado un “acuerdo vivo”; esto significa que, en teoría, aceptará nuevos miembros, siempre y cuando estén dispuestos a comprometerse con los altos estándares que establece y a abordar nuevos problemas a medida que estos evolucionan.

Implicancias para la integración regional de ALC

El TPP es una expansión del Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (P4) que incluía a Brunei, Chile, Nueva Zelanda y Singapur, y había entrado en vigencia en 2006. En 2010, el acuerdo se amplió para incluir a Estados Unidos, Australia, Perú y Vietnam, quienes colectivamente formaron el TPP. La incorporación de nuevos miembros fue parte de un esfuerzo tendiente a ampliar la escala y el alcance del acuerdo P4, que había sido fundado con el objetivo de convertirse en un instrumento de calidad para lograr la integración económica de la región Asia-Pacífico y diseñado para que otros países pudieran integrarse más tarde. El TPP siguió este rumbo mediante la incorporación de Malasia durante la tercera ronda de negociaciones en 2010; de Canadá y México, en 2012; y de Japón, en 2013. Por lo tanto, es de esperar que una vez que el TPP entre en vigor, continúe ampliándose el número de sus miembros y eventualmente genere una zona de libre comercio de la región Asia-Pacífico. Esto requeriría cerrar las brechas existentes entre ciertas iniciativas comerciales regionales paralelas que están en consonancia con el TPP en términos de alcance y objetivos de integración a largo plazo.

La Alianza del Pacífico (AP) constituye un ejemplo de una iniciativa de integración de cara al futuro cuyos objetivos están en consonancia con el TPP. La AP está conformada por Chile, Colombia, México y Perú y está centrada en la creación de un acuerdo moderno y de alto nivel que refleje la arquitectura del comercio contemporáneo y mejore la eficiencia de la red de TLC existentes para profundizar la integración por medio de la convergencia de las reglamentaciones. Asimismo, la AP ha priorizado temas que van más allá de las fronteras, como la armonización y convergencia de las normas y reglamentaciones que rigen el comercio, las normas que afectan las inversiones, las de protección de los derechos de propiedad intelectual y las normas técnicas. Dadas las sinergias entre los dos acuerdos, la AP podría actuar como un elemento fundamental que propicie la participación de sus miembros en acuerdos de mayor escala, como el TPP. Por ejemplo, la AP ha negociado un nuevo régimen de normas de origen que permite la acumulación entre sus cuatro miembros. El TPP acordó un conjunto unificado de normas de origen. Dado que tres de los cuatro países de la AP ya son miembros del TPP, la convergencia entre los dos acuerdos debería ser factible.

El MERCOSUR es otra iniciativa regional relevante que probablemente se verá afectada por el TPP. A diferencia de la AP, ninguno de los seis miembros del MERCOSUR (Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela) forma parte del TPP. El TPP podría impactar negativamente sobre las exportaciones de los países del MERCOSUR. Algunos miembros del MERCOSUR, como Argentina y Brasil, exportan una cantidad considerable de bienes a los países signatarios del TPP, especialmente a EEUU, Chile y Japón. Una vez que el TPP entre en vigor, los exportadores del MERCOSUR podrían verse desplazados de estos mercados a menos que cumplan con las nuevas regulaciones y estándares. En términos más generales, debido a que el intercambio internacional de bienes intermedios representa una proporción cada vez mayor del comercio mundial, la armonización de las reglamentaciones, la simplificación de las normas de origen y el aumento de la eficiencia aduanera generada por el TPP tendrá un impacto positivo en el comercio de bienes intermedios. Por lo tanto, el MERCOSUR enfrentará algunos retos, ya que la formación de cadenas de producción podría inclinarse en favor de los mercados asiáticos y de las empresas de los países miembros del TPP.

Además de considerar su incorporación al TPP en el futuro, el MERCOSUR podría evaluar de qué forma cooperar con la iniciativa de la AP. Ya existe un alto grado de coincidencia entre la AP y el MERCOSUR. Los cuatro miembros de la AP tienen acuerdos vigentes con el MERCOSUR, y tanto los países del MERCOSUR como los de la AP (excepto México) son miembros de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), que integra las uniones aduaneras del MERCOSUR y la Comunidad Andina. Igualmente, son también miembros de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), que integra a la región de ALC mediante proyectos de desarrollo del transporte, la energía y las telecomunicaciones. Los dos bloques deben seguir construyendo a partir de estas bases para encontrar nuevas formas de promover una integración más profunda, que a su vez podría ser un paso importante para lograr una mayor participación de los países del MERCOSUR en el sistema mundial de comercio.

Un elefante en la habitación: China

Cabe señalar que el TPP no incluye a China, la mayor economía de Asia y la segunda más grande del mundo, quien es su vez un socio comercial cada vez más importante para la región. China fue invitada a participar del TPP en 2012; sin embargo, no se logró ningún avance debido un impasse en las reformas requeridas en las áreas de derechos de propiedad intelectual, regulaciones gubernamentales y sobre internet, normas ambientales y laborales, y el papel de las empresas estatales. Queda por ver cómo se posicionará China una vez que el acuerdo haya entrado en vigor. China tiene acuerdos comerciales con 15 países de la región Asia-Pacífico, incluidos la mitad de los miembros del TPP (Australia, Brunei, Chile, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam), lo cual conlleva algunas ventajas similares a las del TPP. Por otro lado, China podría desempeñar un papel más proactivo en la región para seguir ejerciendo su influencia sobre las normas y reglamentaciones en materia de comercio e inversión, y así evitar perder cuota de mercado como resultado de los vínculos comerciales más dinámicos generados por el TPP.

Cronograma de ratificación

Para que el TPP pueda entrar en vigor, los países signatarios deben primero ratificar el acuerdo, lo cual significa que el mismo debe pasar por el proceso de aprobación legislativa correspondiente en cada país. Sin duda, muchos países estarán observando el proceso de ratificación en los Estados Unidos, la economía más grande del acuerdo. El TPP fue negociado por los Estados Unidos mediante una autorización de “vía rápida” por parte del Congreso, lo que significa que el acuerdo puede ser aprobado o rechazado en general, pero no puede ser modificado por los legisladores. Una vez que el presidente le haya notificado al Congreso su intención de firmar el acuerdo, este tendrá 90 días para examinarlo. Se espera que el Congreso considere la adopción del TPP durante el primer semestre de 2016. El proceso legislativo se verá influenciado por la coyuntura política, marcada por la campaña presidencial estadounidense de 2016.

Conclusión

Teniendo en cuenta las condiciones actuales de la economía internacional, caracterizada por un ritmo de crecimiento lento, el TPP representa un paso importante hacia adelante y demuestra la voluntad y la capacidad de los países para trabajar juntos en la implementación de reformas, la profundización de la integración y la liberalización del comercio. Dado el enorme impacto potencial de este acuerdo, tanto por el alcance de sus normas como por la escala de las economías involucradas, el TPP representa un nuevo estándar mundial para las normas que rigen el comercio internacional, y sin dudas afectará las negociaciones que se den en el futuro a nivel multilateral.

Para ALC, el TPP representa una gran oportunidad para implementar las reformas pertinentes y hacer las inversiones necesarias a fin de impulsar la competitividad, superar los retos que plantea una economía mundial cada vez más integrada y aprovechar las nuevas oportunidades que ofrece el comercio internacional. Para ello, los gobiernos deberán trabajar mancomunadamente con el sector privado para asegurar la coordinación de sus esfuerzos y comunicar eficientemente dónde están las oportunidades actuales y futuras. Una vez que la economía mundial vuelva a la senda del crecimiento sostenido, los países de la región que hayan logrado implementar reformas y crear mecanismos eficaces de diálogo y cooperación con el sector privado estarán en mejores condiciones para competir en el mercado internacional y cosechar los beneficios de la expansión del comercio y el crecimiento económico.

Las visiones y opiniones expresadas en esta presentación corresponden estrictamente a los autores y no debe ser atribuida al Banco Interamericano de Desarrollo, sus Directores Ejecutivos o sus países miembros.


[1] Si bien el TPP (Trans-Pacific Partnership, por sus siglas en inglés) ha sido firmado, no entrará en vigor hasta tanto al menos seis países, que en conjunto representan el 85 por ciento del PIB de los 12 países miembros, ratifiquen el acuerdo.

[2] Fue ratificado por Brunei, Myanmar, Noruega, Ucrania, Vietnam y Zambia. El AFC entrará en vigor una vez que lo hayan ratificado dos tercios de los miembros de la OMC. Para ver una lista completa de los países que han ratificado el AFC, visite http://www.tfafacility.org/es.

[3] “Assessing the Trans-Pacific Partnership, Volume 1: Market Access and Sectoral Issues,” PIIE Briefing 16-1, Peterson Institute for International Economics, febrero 2016. http://www.iie.com/publications/pb/pb12-16.pdf.

[4] “Potential Macroeconomic Implications of the Trans-Pacific Partnership,” Global Economic Prospects, Banco Mundial, enero 2016. http://www.worldbank.org/en/publication/global-economic-prospects/GEP-Jan-2016-Implications-Trans-Pacific-Partnership.

[5] Sistema de Información sobre Integración y Comercio (INTrade) del  Banco Interamericano de Desarrollo (http://www.intradebid.org).

[6] PIIE (2016) y Banco Mundial (2016).

[7] El programa HOPE otorga un tratamiento libre de aranceles a ciertas prendas de vestir totalmente confeccionadas, tejidas, o de punto realizadas en Haití, a partir de hilos y telas de cualquier país.

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