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Editorial

El significado del TPP para América Latina y el Caribe

Antoni Estevadeordal

El 4 de febrero de 2016, tras cinco años de negociaciones, los miembros del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) rubricaron dicho pacto, considerado el acuerdo comercial de mayor nivel suscripto en la historia.[1] El TPP no solo incluye medidas tradicionales, como la reducción o eliminación de aranceles, sino también disposiciones sobre temas más actuales, como la facilitación del comercio, el apoyo a las pequeñas y medianas empresas (PYMES), las telecomunicaciones, el comercio en servicios innovadores (como las tecnologías digitales) y cuestiones de coherencia regulatoria y competitividad. Asimismo, contempla regulaciones más estrictas en materia de derechos laborales y ambientales, normas sanitarias y fitosanitarias y protección de los derechos de propiedad intelectual (DPI). El TPP se destaca por los altos estándares que establece, así como por la composición de sus signatarios: el conjunto de países miembros (Australia, Brunei, Canadá, Chile, Estados Unidos, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam) representan el 40 por ciento del PIB mundial, el 26 por ciento del comercio internacional y el 10 por ciento de la población del planeta. En caso de ser ratificado, el TPP se convertirá en el logro más significativo para el comercio mundial desde la finalización de la Ronda Uruguay de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1994.

Un acuerdo de este alcance y magnitud tendrá implicancias sumamente significativas para América Latina y el Caribe (ALC) y para la arquitectura del comercio mundial en su totalidad. A nivel global, el TPP contribuye a recalibrar la arquitectura del comercio internacional. Las negociaciones en el plano multilateral se encuentran estancadas desde la Ronda de Doha y, aunque los miembros de la OMC sellaron el acuerdo de Bali en 2013, se trató de un acuerdo de alcance parcial que sólo aborda un conjunto limitado de temáticas. El año pasado se produjo algún grado de avance cuando, en la Conferencia Ministerial de Nairobi, los miembros de la OMC adoptaron el “Paquete de Nairobi”, mediante el cual asumieron compromisos en temas como agricultura, comercio de algodón y países menos adelantados (PMA). Los miembros signatarios se comprometieron a eliminar los subsidios a la exportación, otorgar acceso a mercados libre de aranceles y de cuotas para las exportaciones de algodón de los PMA y brindar trato preferencial y asistencia técnica para los PMA en el comercio de servicios y de determinados bienes. También se avanzó en el Acuerdo sobre Facilitación del Comercio, con la ratificación del mismo por parte de otros seis países.[2]Sin embargo, la Agenda de Desarrollo de Doha, que fuera lanzada hace más de una década, quedó al margen de las negociaciones y con pocas esperanzas de revivir.

Este enfoque fragmentario en el plano multilateral refleja que las normas internacionales que rigen el comercio y las inversiones no han sido actualizadas para abordar ciertos temas del comercio contemporáneo y que se carece del marco necesario para abordar las barreras no tradicionales al comercio. En consecuencia, muchos países han recurrido a los acuerdos comerciales regionales y plurilaterales a fin de actualizar sus políticas y procedimientos y avanzar en la liberalización del comercio. Hasta ahora, por su alcance y cobertura, el TPP constituye el logro más significativo y, por lo tanto, desempeñará un papel fundamental para recalibrar el sistema internacional a fin de dar mayor respuesta a las necesidades de las empresas y de los gobiernos.

La región Asia-Pacífico, que se ha convertido en un motor clave del crecimiento económico mundial, ha pasado a ser un socio comercial importante para ALC. El TPP, por lo tanto, entraña una valiosa oportunidad para profundizar el comercio interregional, ya que abre nuevas oportunidades de acceso a los mercados de Asia-Pacífico y permite mejorar las relaciones existentes mediante la ampliación de la cobertura de aquellos temas de comercio e inversión que son más relevantes para el comercio del siglo XXI.

Implicancias para el sistema mundial de comercio

El TPP es un acuerdo pionero, tanto por su profundidad como por su alcance. Es el primer acuerdo en décadas que reúne a un grupo importante de países de diverso tamaño y con distintos niveles de desarrollo económico, y los compromete a un conjunto de reglas muy exigentes. Es comprensible que un acuerdo tan ambicioso suscite sospechas de que beneficiará injustamente a ciertos países, productores o industrias. Aunque con efectos variados dependiendo del tamaño y la composición de cada economía, es evidente que, en general, el TPP tendrá un efecto económico positivo para sus miembros.

Esto quedó demostrado en análisis cuantitativos recientes. Los estudios más completos realizados hasta la fecha pertenecen al Peterson Institute for International Economics (PIIE) y al Banco Mundial (BM). El PIIE brinda un análisis en profundidad del texto del TPP y utiliza un modelo de equilibrio general computable (EGC) para predecir sus efectos sobre el crecimiento y el comercio mundial en los próximos 15 años. Los resultados muestran que las exportaciones anuales de los miembros del TPP aumentarán US$1,025 billones (11,5 por ciento), mientras que la inversión extranjera directa aumentará US$446.000 millones (3,5 por ciento), y los ingresos reales serán US$465.000 millones más altos (1,1 por ciento).[3] Las investigaciones llevadas a cabo por el BM pronostican los efectos económicos del TPP tomando el mismo horizonte temporal. Su ejercicio de modelización muestra un aumento del PIB de entre 0,4 y 10 por ciento para los miembros del TPP y un aumento de las exportaciones de entre 5 y 30 por ciento hacia el año 2030.[4] Aunque cada estudio utiliza metodologías diferentes y parte de supuestos distintos, ambos llegan a la conclusión de que los beneficios de la liberalización arancelaria, la racionalización de las medidas no arancelarias y la eliminación de los obstáculos a la IED tendrán efectos positivos para los países miembros y limitarán los posibles efectos derrame negativos para los no miembros.

Más allá de los beneficios cuantitativos del TPP, el acuerdo tiene implicancias estructurales significativas para la arquitectura del comercio mundial. En primer lugar, el TPP une una serie de “eslabones perdidos” en la red global de TLCs. En segundo lugar, aborda la necesidad de lograr convergencia entre aquellos TLC vigentes que actualmente se superponen. Por último, hace frente también a la necesidad de actualizar las reglas de juego del comercio internacional.

Durante las últimas dos décadas, los TLC han proliferado y han generado una vasta red de acuerdos bilaterales y plurilaterales que conectan a diferentes socios comerciales y regiones. A pesar de estos avances, sigue habiendo eslabones perdidos entre las economías más desarrolladas, como la Unión Europea (UE), los Estados Unidos (EEUU) y Japón; entre ciertas economías en desarrollo de importancia clave, como Brasil, India y China; y entre las economías desarrolladas y en desarrollo, como los EEUU y la UE con Brasil, China o India. Al reunir a dos de las principales potencias económicas mundiales, EEUU y Japón, el TPP contribuye a acortar estas brechas. Lograr este acercamiento es importante por dos motivos. En primer lugar, porque encuadra las relaciones comerciales y de inversión entre los dos países bajo un marco jurídico formal que establece reglas que propician prácticas comerciales más justas y eficaces. En segundo lugar, porque sienta un precedente para las negociaciones futuras entre países que quizás, en el pasado, se hayan sentido desalentados para conformar estas asociaciones debido los obstáculos que percibían entre ellos y sus socios comerciales.

El TPP conecta importantes países desarrollados y en desarrollo (como México y Singapur), así como países en desarrollo entre sí (como México y Vietnam). El establecimiento de estos vínculos es muy importante dado el cambio producido durante los últimos cinco a diez años en los patrones del comercio mundial. Durante dicho periodo, los países emergentes y en desarrollo –en particular, las economías asiáticas– se han convertido en actores cada vez más importantes del comercio internacional, y esto a su vez ha fomentado un aumento en los volúmenes de comercio Norte-Sur y Sur-Sur. Por ejemplo, en 1990 el comercio Sur-Sur representaba menos del 5 por ciento del comercio mundial; en 2013 prácticamente se había cuadruplicado y en la actualidad representa casi el 20 por ciento del dicho comercio.[5] Contar con un marco formal como el TPP para las relaciones comerciales entre estas regiones no solo creará nuevas oportunidades de mercado, sino que también hará que las transacciones comerciales sean más eficientes mediante la racionalización de las políticas y los procedimientos.

El segundo problema estructural que tiene un impacto sobre la arquitectura del comercio mundial es la importancia creciente de las cadenas globales de valor (CGV) en el comercio internacional. Las CGV fragmentan la producción entre múltiples actores ubicados en distintos países y hacen que las empresas multinacionales deleguen parte de su producción a sus filiales en el extranjero. Esto significa que cada vez son más las empresas que operan en diferentes países. A su vez, plantea nuevas e importantes oportunidades para esos países, ya que les permite participar en un eslabón de una red internacional de producción sin tener que construir toda la cadena de suministro a nivel nacional. Asimismo, esta forma de estructurar la producción pone de manifiesto la necesidad de racionalizar los procesos y adaptar las normas y reglamentaciones. La superposición de múltiples reglas puede imponer barreras adicionales al comercio y acarrear costos innecesarios. Por ejemplo, la superposición de normas de origen –las normas que determinan los criterios para que un bien reciba tratamiento preferencial en virtud de un determinado acuerdo comercial– puede disuadir a las empresas de localizar su producción en un determinado país y así afectar la capacidad de las firmas para aprovechar el acceso preferencial a los mercados. Este problema es especialmente grave en el sistema de comercio actual, en el cual un bien final cruza varias fronteras y pasa por numerosas fases de producción antes de llegar a su mercado de destino final, y adquiere todavía más relevancia en el marco del TPP, en el cual existe una amplia red de TLC entre los países miembros (ver Cuadro 1). Diez de los doce países tienen TLC vigentes con al menos la mitad de los miembros del TPP, y más del 80 por ciento del comercio ya está cubierto por estos acuerdos de libre comercio bilaterales existentes.

Cuadro 1. Red de TLC bilaterales vigentes entre miembros del TPP

   Australia  Brunei  Canada  Chile  
 Japan    New Zealand  Malaysia     Mexico     Peru 
    
Singapore
   
U.S. Vietnam  
Australia     X    X  X  X  X      X  X  X
Brunei  X      X  X  X  X      X    X
Canadá        X        X  X    X  
Chile  X  X  X  X  X  X  X  X  X  X  X
Japón  X  X    X      X  X  X  X    X
Nueva Zelanda  X  X    X      X      X    X
Malasia  X  X    X  X  X        X    X
México      X  X  X        X    X  
Perú      X  X  X      X    X  X  
Singapur  X  X      X  X  X    X    X  X
Estados Unidos  X    X  X        X  X  X    
Vietnam  X  X    X  X  X  X      X
   
Total  8  7  4  10  8  6  7  5  6  9  6  7