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15 de octubre, 2019

¿Qué hacer respecto al cambio climático y porqué?

Demonstrators march down Pennsylvania Avenue during a People's Climate March, to protest U.S. President Donald Trump's stance on the environment, in Washington, U.S., April 29, 2017.     REUTERS/Mike Theiler       TPX IMAGES OF THE DAY - RC1C93696C90

Los Vitales

Para muchos votantes el cambio climático se ha convertido en un tema clave de la campaña presidencial de 2020. La inmensa mayoría de los científicos coincide en que en la actualidad ya se sienten muchos de sus efectos. Estados Unidos es el segundo mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero y tiene una función de liderazgo en las iniciativas dirigidas a abordar el cambio climático. Aunque es preciso que la humanidad elimine las emisiones de dichos gases generadas por los combustibles fósiles a fin de evitar los peores efectos del cambio climático, la transición llevará tiempo. La eliminación de ese tipo de combustibles resulta mucho más fácil en algunos sectores de la economía que en otros.

  • Los últimos cuatro años han sido los más calurosos en el planeta en los 139 años de registros de @NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica).
  • Estados Unidos es el segundo mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero: en 2018 fue responsable del 14,6% de las emisiones mundiales.
  • Muchos de los candidatos presidenciales indican que el objetivo es lograr un nivel neto de emisiones de gases de efecto invernadero equivalente a cero.
 

Los Detalles

¿Por qué es que oímos hablar más del cambio climático en este ciclo electoral que en el de 2016?

Los fenómenos meteorológicos extremos, el activismo de la juventud y la atención política que se le ha dado a propuestas como la del Nuevo Pacto Verde (Green New Deal) hacen que el cambio climático sea uno de los temas salientes de la campaña presidencial de 2020. La importante Cumbre sobre la Acción Climática celebrada en septiembre de las Naciones Unidas  y las conversaciones bipartidistas sobre la tarificación del carbono están atrayendo cada vez más cobertura mediática, con reuniones abiertas y foros dedicados que se realizan en la materia. Además, el desmantelamiento de la normativa ambiental efectuado por el presidente Trump y su promesa de retiro del Acuerdo de París han creado un coletazo y una energización en materia de cambio climático.

¿Vemos en la actualidad algún efecto del cambio climático?

Sí, absolutamente.

Los últimos cuatro años han sido los más calurosos de los 139 años de registros que lleva la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático indicó que, con una certeza del 95%, la tendencia actual de aumento de las temperaturas se debe a las emisiones atmosféricas de gases de efecto invernadero generadas por la actividad humana, en su mayoría de dióxido de carbono generado por la utilización de combustibles fósiles. En la actualidad se registran muchos de los efectos previstos por los modelos climáticos en un planeta en el que hay incrementos de temperaturas: aumentos del nivel del mar, ciclos pluviales más fuertes y sequías, así como migraciones de plantas, animales y seres humanos debidos a cambios de temperatura o a la escasez de recursos.

Ciertamente el clima ha cambiado en el pasado, con edades del hielo y periodos más calurosos, los cuales se deben mayormente a pequeñas variaciones de la órbita terrestre alrededor del sol que modifican la cantidad de energía solar que recibe nuestro planeta. No obstante, los cambios que se ven hoy en día están suscitándose mucho más rápidamente que cualquiera de los registrados en el historial geológico.

Es preciso recordar que hay una diferencia importante entre meteorología y clima. El clima es la tendencia meteorológica en el espacio y tiempo. Las olas de frío suceden aún incluso en un clima que está experimentando una aumento generalizado de temperaturas. En efecto, el calentamiento climático puede causar mayores oleadas de frío en ciertas zonas a medida que cambian los patrones más importantes de circulación atmosférica, como la corriente en chorro (jet stream).

¿Cuánto contribuye Estados Unidos? ¿Importa lo que hacemos?

Estados Unidos contribuye en gran medida a las emisiones de gases de efecto invernadero y tiene una importante función en la transición a las fuentes de energía que producen menores niveles de carbono.

Estados Unidos es el segundo mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero: en 2018 fue responsable del 15% de las emisiones mundiales. En 2006 China superó a Estados Unidos y se convirtió en el mayor emisor. Si bien desde 2005 en Estados Unidos las emisiones han estado mayormente en disminución (aunque aumentaron en 2018) a nivel mundial las emisiones totales siguen en ascenso.

Además de reducir sus propias emisiones Estados Unidos tiene un importante papel que desempeñar en el ámbito de la innovación y diplomacia climáticas. Durante mucho tiempo ha sido el líder en desarrollo tecnológico, sus universidades y laboratorios de investigación son la envidia de todo el mundo, además de ser un sitio natural para concentrarse en las tecnologías más económicas dirigidas a una reducción de los gases de efecto invernadero. Estados Unidos tuvo una función esencial en el diseño del Acuerdo de París, que aunó a casi todos los países del mundo comprometidos con el objetivo de combatir el cambio climático.

A fin de lograr el éxito de dicho acuerdo es importante que Estados Unidos vuelva a participar en ese proceso, lo que servirá además para incentivar objetivos más ambiciosos a futuro y prestar ayuda a los países que no posean los recursos destinados a reducir sus propias emisiones. El mundo no logrará evitar los peores efectos del cambio climático si no cuenta con el compromiso de todos los países con altos niveles de emisiones, incluidos los de ingresos más bajos como China e India.

¿Podemos abandonar nuestra dependencia de los combustibles fósiles?

Si bien es preciso que eliminemos las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por los combustibles fósiles a fin de evitar los peores efectos del cambio climático, la transición llevará tiempo. Este tipo de combustibles constituye un elemento esencial para la economía y contribuye a nuestra vida moderna con billones de dólares de infraestructura dedicada. No es posible que dicho sistema, enorme y esencial, cambie en un santiamén. Muchos de los candidatos presidenciales indican que el objetivo es lograr un nivel neto de emisiones de gases de efecto invernadero equivalente a cero. Aunque se trata de una meta ambiciosa, está en consonancia con lo que debemos hacer.

La eliminación de los combustibles fósiles resulta mucho más fácil en ciertos segmentos de la economía que en otros. El sector eléctrico y el de transporte ligero (automóviles particulares y camiones pequeños) se encuentran entre los que dicha eliminación resultaría más sencilla. Los costos de la energía eólica y solar están disminuyendo rápidamente. Puede recurrirse al almacenamiento de energía y a otras formas de producción de electricidad con un nivel nulo de generación de carbono, como los combustibles fósiles con captura de CO2 o la energía nuclear, para que cubran la brecha cuando no haya viento o sol. El avance de la tecnología y la disminución en los costos permite que los vehículos ligeros operen con electricidad. Los vehículos eléctricos presentan muchas calidades atractivas: además de no generar emisiones por tubos de escape son silenciosos y poseen motores potentes.

Otros sectores de la economía presentan mayores retos. Los combustibles fósiles son excelentes para el transporte: por volumen y peso, mediante ellos puede transportarse hasta cien veces más energía que con las baterías. La energía de las baterías resulta menos viable para el transporte de larga distancia, ya sea por camiones, buques o aeronaves, ya que estos vehículos precisan grandes cantidades de energía para operar. También será sumamente difícil reducir las emisiones de ciertos procesos industriales, como los de producción de acero y cemento.

¿Cómo podría mejorarse la situación mediante las políticas gubernamentales?

En la actualidad las políticas deben impulsar el cambio en los sectores económicos en los que resulta más fácil hacerlo, además de  incentivar la investigación y los programas piloto en el ámbito de las nuevas tecnologías a fin de abordar los sectores que presentan más dificultades.

Hay varias herramientas disponibles a estos efectos.

  • A los economistas les encantan las políticas de tarificación del carbono ya que permiten incentivar los mecanismos menos costosos para la reducción de emisiones. Un impuesto al carbono o un sistema de tope y canje (según el cual los emisores adquieren y comercian permisos para la emisión de gases de efecto invernadero) cumplirían este propósito. El obstáculo es que el término “impuesto” es una mala palabra en el entorno político estadounidense. Resultaría políticamente difícil fijar un impuesto lo suficientemente alto como para modificar positivamente la situación, además de que un sistema de tope y canje exigiría medidas del Congreso.
  • Otro instrumento normativo al que puede recurrirse para lograr una reducción en las emisiones es la regulación directa. Existen numerosas normas que regulan dichas emisiones, tales como los estándares federales de eficiencia para vehículos y electrodomésticos y los requisitos estatales y locales en materia de energías renovables. Si bien la regulación ofrece una mayor certidumbre en los resultados que la tarificación del carbono, tiende a ser menos eficiente desde el punto de vista económico ya que no permite intercambios entre sectores de la economía.
  • También puede utilizarse un código tributario para alentar la reducción de emisiones, por ejemplo mediante créditos por generación de energía renovable, por captura de  carbono o por proyectos de almacenamiento energético. Los créditos impositivos incentivan la inversión, aunque deben irse ajustando a medida que disminuyen los costos, como está sucediendo en la actualidad en el ámbito de las renovables.
  • Por último, los gobiernos pueden proporcionar un financiamiento directo para los proyectos de investigación y desarrollo que se encuentren en sus etapas muy iniciales o que resulten demasiado riesgosos para el sector privado. El gobierno federal dedica anualmente más de seis mil millones de dólares a la investigación en materia ambiental y de energías renovables, además de consagrar otros once mil millones a las ciencias en general, cifras éstas que se han mantenido constantes en los últimos años.            

La realidad es que se necesitan todas esas metodologías. No hay una política única que sea suficiente para generar un cambio tan profundo en la economía. Las claves para el éxito de toda política son la ambición y la constancia. En los últimos años hemos visto que se ha producido un giro de 180 grados en las políticas climáticas: el presidente Trump ha revertido las iniciativas del gobierno de Barak Obama dirigidas a la reducción de las emisiones. La industria y los consumidores necesitan señales congruentes para modificar la situación: una legislación ambiciosa y bipartidista que emerja del Congreso resulta esencial para la creación de un cambio duradero.