brookings.edu

Copyright 2020

31 de enero, 2020

Lo que todo estadounidense debe saber sobre la ayuda externa proporcionada por su país

Yaneidi Guzman, 38, walks home with her mother-in-law in Caracas, Venezuela, February 17, 2019. Guzman has lost a third of her weight over the past three years as Venezuela's economic collapse made food unaffordable and she now hopes the opposition will succeed in bringing urgently needed foreign aid. She is one of many Venezuelans suffering from malnutrition. "It's not that I want to be rich, or a millionaire", Guzman said. "But I do want to give my children a good future, to make sure I can take them to the doctors when they get ill... and that they eat well." REUTERS/Carlos Garcia Rawlins  SEARCH "RAWLINS GUZMAN" FOR THIS STORY. SEARCH "WIDER IMAGE" FOR ALL STORIES. - RC1F8A0356E0

Datos básicos

La ayuda externa consiste en dinero, asistencia técnica y productos básicos que Estados Unidos le proporciona a otro país para apoyar intereses comunes que comparte con él. Si bien las encuestas de opinión indican sistemáticamente que los estadounidenses piensan que la ayuda externa representa un 25 por ciento del presupuesto federal, en realidad es menos de un 1 por ciento. Aunque Estados Unidos es el país más rico del mundo y brinda más ayuda externa que cualquier otro, dedica a ese rubro una parte más pequeña de su producto interno bruto (PIB) que la de otras naciones ricas. Tradicionalmente la ayuda externa ha contado con el apoyo de ambos partidos.

  • La ayuda externa representa menos del 1 por ciento del presupuesto federal: en el ejercicio fiscal 2019 se asignaron a ella 39.200 millones de dólares.
  • Aunque Estados Unidos es el país más rico del mundo y brinda más ayuda externa que cualquier otro, dedica a ese rubro una parte más pequeña de su producto interno bruto (PIB) que la de otras naciones ricas.
  • Varias décadas de encuestas indican una aprobación sistemática de las iniciativas estadounidenses de asistencia externa, con un fuerte apoyo a las mejoras en materia de salud, a la ayuda a las mujeres y niñas, a la educación infantil y a los aportes destinados al desarrollo económico de países pobres.

Análisis detallado

Los setenta y cinco años de ayuda externa estadounidense han generado más ficción que realidad en lo relativo a las formas en que se gasta la recaudación impositiva del país.

Dado que se está dando inicio a un ciclo electoral es importante que los candidatos y los votantes posean conocimientos básicos de los mecanismos de utilización de los fondos recaudados por el fisco que se asignan a la ayuda externa.

Siete Preguntas

¿Qué es la ayuda externa?

La ayuda externa consiste en dinero, asistencia técnica y productos básicos que Estados Unidos le proporciona a otro país para apoyar intereses comunes que comparte con él. En general ese apoyo se dirige a una entidad gubernamental o a comunidades del país beneficiario, y se encuadra en alguna de estas tres categorías: asistencia humanitaria para actividades de socorro destinadas a salvar vidas en situaciones de desastres naturales y causados por el hombre, asistencia para la promoción del desarrollo económico, social y político de países y comunidades, y asistencia en materia de seguridad, que favorece el fortalecimiento de las fuerzas militares y del orden en países aliados de Estados Unidos. Si bien las proporciones relativas varían de un año a otro, con el tiempo la asistencia humanitaria ha llegado a representar un poco menos del 33 por ciento del presupuesto para la ayuda externa, la asistencia al desarrollo supera levemente dicho porcentaje y la destinada a seguridad es aproximadamente de un 33 por ciento. Se desembolsa muy poco en dinero en efectivo; la mayor parte de los fondos dedicados a la asistencia humanitaria y al desarrollo se utiliza para la distribución de productos básicos y de ayuda técnica que proporcionan organizaciones estadounidenses, internacionales y locales.

¿Qué porcentaje del presupuesto federal se asigna a la ayuda externa?

Menos de 1 por ciento. Las encuestas de opinión indican sistemáticamente que los estadounidenses piensan que la ayuda externa representa un 25 por ciento del presupuesto federal. Cuando se les pregunta a los encuestados el porcentaje de dicho presupuesto que debería dedicarse a ese propósito, señalan que debería ser de aproximadamente un 10 por ciento. En realidad la ayuda externa representa menos del 1 por ciento del presupuesto federal: en el ejercicio fiscal 2019 se asignaron a ella 39.200 millones de dólares.

¿Los otros países ricos hacen su justa parte?

SÍ, según el tamaño de sus economías. Estados Unidos proporciona más ayuda que cualquier otro país, lo cual es adecuado ya que se trata de la nación más rica del mundo. Existe un amplio compromiso internacional que indica que los países ricos deben efectuar una contribución anual del 0,7 por ciento de su PIB para ayudar a los países pobres. Hay cinco que superan ese rasero: Noruega, Suecia, Luxemburgo, Dinamarca y el Reino Unido. El promedio de todas las naciones ricas es de un 0,4 por ciento. Con un aporte inferior al 0,2 por ciento, Estados Unidos ocupa uno de los lugares más bajos.

¿El apoyo a la ayuda externa es partidista o bipartidista?

BIPARTIDISTA, lo cual es sorprendente dado el divisivo entorno político actual. Tradicionalmente los demócratas han respaldado la ayuda externa de un modo más integral que los republicanos. Tomemos el caso del gobierno del presidente Truman, que dio inicio al Plan Marshall, o la situación que se suscitó en la década de 1990: cuando las votaciones en el Congreso relativas al gasto para ayuda externa se encontraban muy reñidas, el proyecto de ley sobre asignaciones presupuestarias obtuvo más votos demócratas que republicanos. Todos los presidentes, tanto demócratas como republicanos, con excepción de quien ocupa actualmente el cargo en la Casa Blanca, han sido firmes defensores de la ayuda externa. 

En efecto, algunos de los aumentos más rápidos en las asignaciones para ayuda externa se realizaron durante presidencias republicanas, en los primeros mandatos de Ronald Reagan y George W. Bush. La creación a inicios de la década de 2000 de los populares y exitosos programas insignia del presidente Bush (la Millennium Challenge Corporation, el Plan de Emergencia del Presidente de los Estados Unidos de América para luchar contra el SIDA (PEPFAR) y la Iniciativa del Presidente de los Estados Unidos sobre la malaria) confirió a la ayuda externa una impronta republicana, además de haber recibido un abrumador respaldo de ambos partidos en el Congreso. Como clara prueba de ello tenemos el reciente rechazo bipartidista de una propuesta de recorte de un tercio del presupuesto para asuntos internacionales, presentada por del gobierno del presidente Trump.

¿La ayuda externa se asigna a gobiernos corruptos y derrochadores?

NO. Solamente un 20 por ciento de la ayuda económica estadounidense se distribuye a gobiernos. En 2018 el 21 por ciento de la asistencia oficial para el desarrollo proporcionada por Estados Unidos se asignó a gobiernos, el 20 por ciento a organizaciones sin fines de lucro, el 34 por ciento a organizaciones multilaterales y el 25 por ciento a otros beneficiarios. Generalmente cuando Estados Unidos desea prestar su apoyo a un país regido por un gobierno corrupto, autocrático o poco colaborador, lo hace mediante canales privados, tales como ONG, otras entidades no públicas, u organizaciones multilaterales. El nivel de rendición de cuentas correspondiente a la ayuda económica es alto: Estados Unidos impone a sus beneficiarios requisitos estrictos (e incluso gravosos, según ciertas opiniones) en materia de contabilidad y de presentación de informes, y la Oficina del Inspector General realiza investigaciones del uso indebido de fondos.

¿La ayuda externa se asigna a gobiernos autocráticos?

MENOS EN LA ACTUALIDAD. Durante la Guerra Fría, cuando la distribución de la ayuda externa solía basarse en la premisa “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, parte de ella llegaba a gobiernos autocráticos, independientemente de la naturaleza que revistieran. Esa situación se modificó considerablemente en la década de 1990, tras la caída de la Unión Soviética. No obstante, si bien hay países que en el mejor de los casos podrían calificarse de “semidemocráticos” y que presentan elementos autocráticos, reciben ayuda debido a que su estabilidad está vinculada a importantes intereses de seguridad de Estados Unidos. Además, es motivo de inquietud que esté resurgiendo un menor nivel de preocupación con la autocracia debido al constante desasosiego que genera el terrorismo en la época posterior a los atentados del 11 de septiembre.  

¿La ayuda externa genera resultados concretos?

SÍ. El gobierno estadounidense exige frecuentes controles e informes para determinar si la ayuda está funcionado y de qué forma está lográndose ese funcionamiento, así como evaluaciones periódicas de los resultados obtenidos. Existen pruebas concretas que demuestran que los programas humanitarios y de ayuda al desarrollo producen resultados considerables; la evidencia es menos sólida en el caso de los programas impulsados por objetivos de seguridad y de política exterior. Si bien la ayuda estadounidense no es el único factor, el historial de los resultados del desarrollo mundial es notable. Entre ellos se encuentran los consignados a continuación.

  • En los últimos 30 años se ha producido una disminución drástica de la pobreza extrema: de 1.900 millones de personas en 1990 (el 36 por ciento de la población mundial) a 736 millones (el 10 por ciento) en 2015.
  • Los índices de mortalidad de madres, lactantes y niños se han reducido en un 50 por ciento.
  • En el mundo la expectativa de vida aumentó de 65 años en 1990 a 72 años en 2017.
  • Se ha erradicado la viruela, la poliomielitis ha sido eliminada en todos los países salvo en dos y en el periodo 2000-2017 se ha producido una disminución del 50 por ciento en las muertes por malaria.
  • El programa PEPFAR de Estados Unidos ha logrado que 17 millones de personas salvaran sus vidas del VIH/SIDA y ha permitido que 2.400.000 niños nazcan sin el virus.
  • Los programas de ayuda permiten la promoción de la estabilidad y del progreso económico nacional, lo cual hace más viable que los ciudadanos se queden en sus países en lugar de emigrar.

¿La ayuda externa beneficia a Estados Unidos o a los extranjeros?

A AMBOS DOS. En general el propósito de la ayuda externa respaldar la seguridad y el desarrollo económico, social y político de los países y pueblos que la reciben, al tiempo que promueve uno o todos los intereses primordiales de Estados Unidos que se indican a continuación.

  • Contribución a la seguridad nacional estadounidense mediante el apoyo a los aliados en la promoción de la estabilidad y la paz regional y mundial.
  • Reflejo del valor central de Estados Unidos de la ayuda a los necesitados mediante la asistencia humanitaria a las víctimas de guerras, violencia, hambrunas y desastres naturales.
  • Promoción de los intereses económicos estadounidenses y del país beneficiario mediante el fortalecimiento de las economías y de los mercados.

¿El pueblo estadounidense está a favor de la ayuda externa?

SÍ. Si bien la expresión “ayuda externa” no goza de una popularidad generalizada y las encuestas revelan que hay quienes opinan que la política exterior de Estados Unidos está sobredimensionada, los estadounidenses son partidarios de que su país tenga una participación activa en el mundo.  Varias décadas de encuestas indican una aprobación sistemática de las iniciativas estadounidenses de asistencia externa, en especial con un fuerte apoyo a las mejoras en materia de salud, a la ayuda a las mujeres y niñas, a la educación infantil y a los aportes destinados al desarrollo económico de países pobres.

Según una encuesta de 2016 del Chicago Council on Global Affairs, el 64 por ciento de los estadounidenses piensa que su país debe desempeñar un papel activo en los asuntos internacionales. El 78 por ciento estuvo a favor de la siguiente manifestación: “Estados Unidos debería coordinar su poder con el de otros países de acuerdo con ideas compartidas de lo que es mejor para el mundo en general”.

Los resultados de una encuesta realizada en 2017 por el Programa de Consultas Públicas de la Universidad de Maryland indicaron que 8 de cada 10 encuestados apoyaban la asistencia humanitaria y que más del 66 por ciento favorecía la ayuda para el desarrollo económico de países en estado de necesidad. Más del 66 por ciento estuvo de acuerdo con el siguiente concepto: “en la actualidad el mundo está tan interconectado que a largo plazo la ayuda para el desarrollo a países del tercer mundo favorecerá los intereses económicos estadounidenses”. La asistencia para fines estratégicos goza de un menor nivel de apoyo.

Nota de la redacción: una versión de este artículo se publicó originalmente en The Ripon Forum.