Skip to main content
Editorial

El creciente aislamiento hemisférico de Colombia

En estos días el presidente colombiano Álvaro Uribe cuenta con muy pocos aliados en el hemisferio. Colombia se encuentra en los albores de una guerra fronteriza con Venezuela , ha fracturado sus relaciones diplomáticas con Ecuador por la presencia de campamentos de la guerrilla colombiana en dicho país, ha rechazado unirse al Banco del Sur y recibe tímidas expresiones de camaradería por parte de Brasil. A esto le sumamos la negativa de Washington de apoyar a un presidente obstinado, cuyos seguidores buscan a toda costa su reelección a un tercer mandato. ¿Cuáles son los motivos de este aislamiento, y qué podría hacer la administración Obama para remediar la situación?

El presidente Uribe ofreció al Departamento de Defensa de Estados Unidos acceso a siete de sus bases aéreas en Colombia cuando, en el año 2009, venció el acuerdo de 1999 para que los americanos utilizaran las bases aéreas de Eloy Alfaro, a las afueras de Manta, Ecuador. El acuerdo era una extensión lógica de los fuertes vínculos entre Estados Unidos y Colombia en la lucha contra el narcotráfico, pero el modo en que la oferta colombiana fue transmitida a las audiencias estadounidenses y sudamericanas fue un tanto desacertado. El Secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, anunció una visita a la región que luego fue cancelada. Antes de la finalización del acuerdo, el Ministro de Asuntos Exteriores de Colombia, Jaime Bermúdez, anunció que estaban “intensificando unos acuerdos de cooperación ya existentes en nuestra lucha común contra el tráfico de drogas y el terrorismo”. Estas declaraciones crearon un grado de incertidumbre y generaron un ambiente de mayor oposición dentro de los círculos políticos colombianos. En respuesta a preguntas sobre el acuerdo, la Embajada de Estados Unidos en Bogotá se negó a hacer comentarios debido a lo delicado del asunto. Esto dio lugar a dudas acerca de si la administración Obama seguiría tan firme en su compromiso con las estrategias antidrogas y anti-insurgencia tal como lo hiciera la pasada administración del Presidente Bush. Para algunos en el hemisferio, este mensaje difuso creó cierto grado de incertidumbre sobre el compromiso de Washington con el gobierno de Uribe. No obstante, las dudas quedaron disipadas con la reciente visita del Vice-Presidente Santos a Washington. Mientras, los países vecinos han fallado en lograr una acción concertada en respuesta a estos últimos acontecimientos. Esto ha dado una mayor libertad de maniobra a aquellos que desean distanciarse de Washington.

El anuncio generó un sentimiento anti-estadounidense y ha servido de oxigenador a las diatribas de Hugo Chávez y sus colegas del ALBA. También provocó el enojo del presidente brasileño Lula, fundador del Consejo de Defensa Sudamericano, por no haber sido incluido en el proceso de consulta. Ciertamente, la política de buen vecino habría dictado la inclusión de Brasil en el proceso de consulta, antes de que los aviones estadounidenses obtuvieran derecho para aterrizar en las bases aéreas de la frontera norte de dicho país. Para apaciguar los ánimos y lograr la aprobación del acuerdo, Uribe se embarcó en una gira por el hemisferio sur. Pese a su esfuerzo, solo logró la simpatía de México.

En segundo lugar, en septiembre los presidentes de siete países sudamericanos formalizaron la creación de BANSUR (el Banco del Sur), con un capital de 7 billones de dólares. Este banco multilateral se suma a otros tres bancos de desarrollo regionales, y su estructura de gobierno se basa en el consenso, esto con el fin de reducir las asimetrías económicas entre sus estados miembros, como por ejemplo Brasil y Bolivia. Colombia tuvo la oportunidad de tener un rol político constructivo en la creación del nuevo banco pero, al igual que Chile y Perú, decidió no unirse a él.

En tercer lugar, Colombia y Venezuela se encuentran en medio de una serie de disputas comerciales a través sus 2.200 kilómetros de frontera, que alcanzaron su punto culminante el 9 de noviembre con las declaraciones beligerantes de Hugo Chávez en referencia al gobierno de Uribe. En los puestos fronterizos, los enfrentamientos incluso han ocasionado la muerte de varios guardias y de otras personas que se encontraban cerca de la frontera. El 1 de noviembre dos soldados venezolanos fueron asesinados en el retén de seguridad en la frontera con Colombia. Parece que los soldados fueron asesinados en represalia a la captura de diez supuestos paramilitares por parte de las autoridades venezolanas, la semana anterior. En septiembre, diez miembros de un equipo de fútbol colombiano fueron secuestrados y asesinados cerca de la frontera. Además, Venezuela tiene retenidos a tres hombres (dos colombianos y un venezolano) acusados de ser espías del gobierno colombiano. Aunque las relaciones entre Colombia y Venezuela son tensas, aún se tiene la esperanza de que las amenazas por parte de esta última de atacar a Bogotá no sean más que una ampulosidad de Chávez.

En cuarto lugar, el fuerte compromiso del presidente Uribe con el capitalismo de libre mercado contrasta de un modo muy marcado con las tendencias socialistas de sus vecinos. Venezuela, Ecuador y Bolivia defienden vigorosamente el socialismo bolivariano, mientras que Brasil tiene políticas socialistas moderadas que buscan atraer la inversión extranjera. En respuesta a la recesión económica mundial, la administración Uribe ha reducido los controles de capitales, ha solicitado líneas de crédito de emergencia al Banco Interamericano de Desarrollo, y ha promocionado incentivos para los inversionistas, como los modernos mecanismos de la zona de libre comercio así como nuevos tratados bilaterales. A pesar de estas medidas, el sector empresarial sigue preocupado por la depreciación del dólar estadounidense, que hace que las exportaciones de flores y otras mercancías a Estados Unidos sean más costosas. Las Cámaras de Comercio siguen preocupadas por la aprobación en el Congreso estadounidense del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia.

Por último, Colombia ha recibido aproximadamente 6,8 billones de dólares en ayudas estadounidenses para combatir a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), desmovilizar a los paramilitares, erradicar las plantaciones de cocaína y los centros de fabricación de coca, y crear formas de vida alternativas para las personas que trabajan en ellos. La mayor parte de estas ayudas (el 79%) se destinaron entre los años fiscales 2000 y 2008 a políticas antidroga y de seguridad. El 21% restante está dedicado a programas sociales y económicos, así como al fortalecimiento del estado de derecho. Esto hace que Colombia sea el principal recipiente de ayuda estadounidense en todo el hemisferio. La dependencia de Colombia para con Washington es ridiculizada por los países vecinos. Los países vecinos se preguntan por qué Washington no ha recompensado a su buen amigo sudamericano, tomando en cuenta la oposición del Congreso a la aprobación del TLC.

¿Qué debería hacer Washington, si es que debiera hacer algo, respecto al aislamiento de Colombia? Lo primero y lo más importante para el presidente Uribe es que se apruebe el TLC, cuya aprobación esta estancada en el Congreso desde el 2008 a causa de la insistencia demócrata por que Uribe demuestre su compromiso por defender los derechos humanos y proteger a los líderes sindicales. Uribe reconoce que se debe esperar a la aprobación del proyecto de ley de reforma de salud estadounidense, pero el TLC no debería esperar a que se aprueben otras medidas legislativas fundamentales como el proyecto de ley sobre límites máximos al comercio (cap & trade bill) y el proyecto de regulación de los mercados financieros. La aprobación del TLC con Colombia se puede lograr paralelo a la aprobación de otras leyes de relevancia nacional, antes de las elecciones a mitad de mandato en el 2010.

En segundo lugar, la oposición estadounidense a la lucha de Uribe por conseguir la aprobación para un tercer mandato puede resultar ofensiva para aquellos de nosotros que respetamos los límites de los mandatos y consideramos que la democracia sobrepuja a los intereses individuales. Pero no deberíamos pecar de ignorantes. El alcalde Mike Bloomberg luchó y logró que el Ayuntamiento de Nueva York accediera a enmendar los estatutos que prohibían la postulación a un tercer término. La defensa para conceder esta excepción a Bloomberg se basaba en la necesidad de continuar con una administración eficiente y eficaz en la ciudad de Nueva York de cara a la recesión económica global. En la actualidad, el Tribunal Constitucional de Colombia debate esta misma cuestión. En el caso de que el tribunal lo apruebe, los seguidores de Uribe también tendrán que convencer en un referéndum nacional a 7,2 millones de colombianos de que es preferible un tercer mandato de Uribe. Las élites están en contra de un tercer mandato, mientras que el voto popular desea que Uribe siga en el poder, por miedo de que un nuevo líder no sea lo suficientemente enérgico y decidido como para evitar el retorno a la violencia de los años noventa.

En tercer lugar, debemos seguir adelante con el Plan Colombia y con el apoyo militar y financiero de Estados Unidos para luchar contra los cárteles, y para adiestrar a la policía y al ejército en materia de derechos humanos, en la recopilación de material de inteligencia y en políticas de seguridad comunitarias. Nuestra contribución es ínfima si se compara con los ingresos que genera la recaudación de impuestos adicionales en Colombia, pero es importante y tal vez necesaria para crear una seguridad pública sostenible, proveer equipo sofisticado y apoyo al desarrollo de formas alternativas de sustento.

Por último, debemos encontrar maneras de lograr que Uribe se convierta en un colaborador dentro del hemisferio. Con la confianza de que cuenta con el respaldo de Panamá, México, Estados Unidos y posiblemente Chile y Perú, Colombia puede reposicionar sus relaciones con los demás países del hemisferio. Aunque la política de países como Venezuela dificulta la tarea, solo conseguiremos aislar más a Uribe, si rechazamos las políticas que son fundamentales para un cambio de dirección en Colombia.

Autor

Get daily updates from Brookings