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Editorial

Crisis financiera mundial: ¿Quedará Brasil al margen de ella?

Después de las cumbres anuales de los ministros de finanzas del G20 y del Banco Mundial/FMI el fin de semana pasado en Washington, la mayoría de los ministros de finanzas latinoamericanos volvieron a sus países con unas perspectivas sombrías. A medida que la crisis mundial sigue extendiéndose, estaba claro que los países en vías de desarrollo tendrían que substituir parte del financiamiento de mercado por préstamos multilaterales, y prepararse para la recesión de Estados Unidos, que tendrá lugar inevitablemente como resultado de las restricciones crediticias de los últimos meses, y su impacto en los mercados globales.

No obstante, este pesimismo no ha contagiado a Brasil, cuyo presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, está demostrando una seguridad en el país sin precedentes. En una conferencia en Madrid, Lula dijo algo retóricamente que “esa idea de que los mercados pueden hacerlo todo está obsoleta”, y más fundamentalmente, que “la época en la que los países emergentes dependían del FMI ha terminado”. El que habla no es Hugo Chávez, sino el presidente de la principal economía de América Latina, que goza de un 80% de popularidad en su país. Lula también hizo alusión al hecho de que las normas de Basilea se han aplicado en los bancos brasileños pero no en Estados Unidos. “Eso se tiene que acabar”, dijo. Desde 1995, los bancos brasileños han cumplido con el requisito de capital del 11% (uno de los mayores de América Latina) y Lula aboga por una nueva regulación de los mercados financieros mundiales que sea más estricta con los bancos de los países desarrollados.

Una confianza tan grande de Lula en la economía de Brasil refleja unas bases económicas subyacentes que no pueden ser ignoradas. Las reservas en moneda extranjera de Brasil son actualmente de 205 billones de dólares, cuatro veces más que en el 2004. La intermediación financiera, a pesar de ser baja en comparación con los países desarrollados, es gestionada principalmente por parte de instituciones nacionales. Sólo el 30% de los activos bancarios son de propiedad extranjera, en comparación con México, país en el que esta cifra es más +del 80%. Como los bancos brasileños también tienen deudas externas bastante reducidas, la economía del país tiene una cierta protección frente a una importante contracción de crédito en los mercados financieros internacionales.

Sin embargo, casi la mitad de las exportaciones de Brasil son de materias primas, de forma que se han beneficiado de los precios más altos de la historia durante los últimos cuatro años. Todavía existen dudas de si ese aumento supone un cambio permanente en los precios de las materias primas o si los precios volverán a sus niveles anteriores. La demanda procedente de China, la sustitución de los combustibles fósiles, y un progreso tecnológico limitado en la producción agrícola parecen explicar en parte estos precios más elevados (algunos economistas añadirían también como causa los efectos de la alta liquidez en los países desarrollados).

Aunque nadie sabe realmente qué va a ocurrir con los precios de las materias primas en el futuro (ya que es probable que aumente la investigación y el desarrollo agrícola, debido a los precios altos de los alimentos), los hechos indican que durante el último mes los precios de la soja han disminuido en un 20%. Los precios de otras materias primas han caído entre un 14 y un 20%. Esto significa que las exportaciones de Brasil podrían verse afectadas en un futuro próximo.

Se espera que Brasil sufra un déficit en su cuenta corriente de un 2% aproximadamente del PNB en el 2008 y 2009, incluso contemplando escenarios optimistas en lo referente a los precios de las exportaciones. Por supuesto, con unas caídas más acusadas de los precios y una menor demanda de las exportaciones, este déficit podría aumentar.

Aunque esto no supone un riesgo importante, sugiere simplemente que Brasil no está en el grupo de países que tendrán grandes excedentes en el mercado de cambio de divisas. No resulta sorprendente que, mientras los mercados financieros mundiales se desmoronaban durante el mes pasado, la cotización del real disminuyó en un 31% y los precios de los valores disminuyeron en un 20%, mientras que los márgenes de la deuda brasileña aumentaron en más de 170 puntos básicos. Dentro de este nuevo escenario, Petrobras, así como otras empresas punteras brasileñas, podría verse obligada a recortar parcialmente sus agresivos planes de inversión.

Teniendo en cuenta estos puntos fundamentales de la economía brasileña, existen razones de peso para pensar que ésta resistirá la crisis financiera mundial. No obstante, esto no significa que Brasil sea inmune a ella. Como ocurre en China, la clave para el futuro de Brasil depende en gran medida del mercado interior. Con una clase media creciente y grandes proyectos de infraestructura en marcha, el consumo privado y la inversión nacional podrían convertirse en las principales fuentes de crecimiento durante los próximos años. De hecho, el gobierno está emprendiendo una estrategia de reindustrialización, con grandes inversiones en equipamiento siderúrgico, petroquímico y de defensa (incluyendo la construcción de su primer submarino atómico). ¿Va esto a resucitar a los elefantes blancos de los años sesenta y setenta? Probablemente no. Esta vez la estrategia de desarrollo en Brasil es llevada a cabo por el sector privado, con un apoyo limitado por parte del gobierno, y con unas estructuras de dirección mucho mejores que en el pasado. Si estos puntales básicos permanecen fuertes, Brasil todavía puede esquivar el actual golpe económico mundial.

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