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En el vacío de la soberanía: el desafío internacional del desplazamiento interno

La diferencia entre los 12 millones de refugiados y cerca de 25 millones de desplazados internos alrededor del mundo, en lo que concierne a la comunidad internacional, es que los primeros han cruzado fronteras internacionales, mietras los últimos han permanecido dentro de sus países.

Los hallazgos de las misiones de mi país alrededor del mundo, en mi calidad de Representante del Secretario General de la ONU para Desplazados Internos, recalcan el grado en que la expectativa de protección interna a manos de los estados y en favor de los desplazados internos es, en gran parte, un mito. Las crisis de identidad nacional que con frecuencia se encuentran en la raíz de las causas del desplazamiento, también afectan la respuesta de los gobiernos y de los actores no gubernamentales relevantes, que por lo regular resultan en vacíos de responsabilidad en el ejercicio del estado de soberanía.

Durante las misiones, normalmente pregunto a los desplazados internos que visito qué mensajes les gustaría que les llevara a sus líderes. En un país latinoamericano, la respuesta fue esta: “Esos no son nuestros líderes. De hecho, para ellos somos criminales y nuestro único crimen es que somos pobres.” En un país de Asia Central, la respuesta fue: “Ahí no tenemos líderes. Nadie de nuestra gente está ahí.” En un país africano, un oficial de alto rango de la ONU le explicó al Primer Ministro que sue fuente de capacidad para ayudar a los refugiados en el país se reduce la necesidad de ayudar a “su gente”, los desplazados internos y otras comunidades afectadas por el conflicto armado. La respuesta del funcionario fue, “Ellos no son mi gente. De hecho, la comida que se le da a esa gente está matando a mis soldados.”

Mientras que no todos los gobiernos ven a sus poblaciones desplazadas de la misma forma, es verdad que lo opuesto es una rara excepción, a veces dictada por la naturaleza del desplazamiento y el grado en el que el gobierno se identifica con ella. Aún así, la falta de capacidad y otras consideraciones políticas podrían afectar la entrega de protección y asistencia.

El principio esencial que ha guiado el trabajo del Representante ha sido reconocer la naturaleza inherente del problema del desplazamiento como interno y, por lo tanto, estar incluido dentro del estado de soberanía y postularla de forma postiva, como implicando la responsabilidad de proteger y ayudar a los ciudadanos necesitados. Esta stipulación de soberanía, que ha ganado un creciente apoyo en la comunidad internacional, ha probado ser una base constructiva y efectiva para el diálogo con los gobiernos. La pregunta real, sin embargo, es si éstos, en sociedad con la comunidad internacional, están atendiendo de forma efectiva la crisis del desplazamiento interno y satisfaciendo las necesidades de las poblaciones afectadas.

La comunidad internacional y los gobiernos involucrados han en efecto logrado un progreso signifcativo en responder a la crisis. Sin embargo, es trágicamente obvio que el problema persiste grave en magnitud y alcance.

El desafío que el principio normativo de la soberanía como responsabilidad plantea para la comunidad internacional es el de asumir responsabilidades. Obviamente, los desplazados internos en sí mismos marginados, excluidos y a veces perseguidos, han limitado o no la capacidad para responsabilizar a sus autoridades nacionales. Sólo la comunidad internacional tiene la influencia y el peso para persuadir a los gobiernos, y otros actores involucrados para descargar su responsabilidad, o de otra forma llenar el vacío de la soberanía irresponsable.

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