En El Salvador, una mirada de primera mano a los derechos humanos y a la respuesta ante desastres naturales

«Esta no es la típica reunión de Brookings», pensé mientras saludaba a los participantes de nuestro encuentro sobre derechos humanos y desastres naturales en El Salvador la semana pasada. Para empezar, la mayoría llevaba uniformes de colores brillantes (rojos, amarillos, anaranjados, y camuflaje menos llamativo). Se trataba de los miembros de servicios de respuesta a desastres de la región: bomberos, unidades militares especiales y agencias centroamericanas equivalentes a la FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias de los EE. UU.) junto con la Cruz Roja y organizaciones de derechos humanos. Este fue el primer encuentro de este tipo en Centroamérica, y ciertamente la primera vez que Brookings había convocado a una reunión de servicios de respuesta ante desastres en la región... o en cualquier parte.

Durante los últimos años, nuestro trabajo en el área del desplazamiento interno nos llevó a crear las Operational Guidelines on Human Rights and Natural Disasters (Guías Operativas sobre Derechos Humanos y Desastres Naturales), que las Naciones Unidas adoptaron posteriormente, y que ahora sirve de guía básica para los organismos encargados de formular políticas y las agencias de socorro utilizan para responder a terremotos, huracanes, deslizamientos de tierra e inundaciones. Durante mucho tiempo la respuesta a los desastres naturales estuvo enfocada en la logística y entrega de artículos de ayuda. Pero después del tsunami de 2004, nuestro proyecto tomó la delantera en señalar que la respuesta a los desastres es un asunto tanto de derechos como de proveer agua y panecillos ricos en proteínas. Los refugios temporales se convierten en lugares violentos, tal como puede evidenciarse hoy día en Haití. La discriminación en la distribución de la asistencia ocurre con mucha frecuencia, y la política es un factor a la hora de determinar quién recibe asistencia oportunamente y quién no. Estas son cuestiones de derechos humanos, y el hecho de que este enfoque basado en los derechos ahora se haya convertido en un procedimiento de operación estándar en la ONU, las ONGs y las políticas gubernamentales para responder a desastres naturales, es algo alentador.

Sin embargo, desarrollar una buena guía no es suficiente. Las oficinas de las agencias humanitarias están atiborradas de libros y CDs de referencia que permanecen en los estantes. Para que una estrategia de asistencia ante desastres naturales, enfocada en los derechos humanos, sea significativa, debe vincular a aquellas personas que pueden cambiar las cosas. De modo que el año pasado, en Guatemala, realizamos un taller para organizaciones de derechos humanos y encargados de formular políticas en Centroamérica. Fue una experiencia reveladora para todos. Las agencias nacionales encargadas de responder a desastres no estaban acostumbradas a asumir un enfoque basado en los derechos humanos, las organizaciones de derechos humanos no habían pensado en monitorear las respuestas y, en varios de los países, ninguno de los dos grupos había sostenido conversaciones con el otro antes del seminario de Brookings. Los participantes manifestaron que el taller había abierto puertas, pero nos exhortaron a hacer más: a trabajar con los bomberos, militares y la Cruz Roja, que son los primeros en llegar al lugar. Así que aceptamos el desafío y junto con el Centro para la Coordinación de Reducción de Riesgos ante Catástrofes en Centroamérica y Protección Civil, la agencia nacional de respuesta de El Salvador, organizamos un taller en San Salvador para los servicios de respuesta inmediata.

Este taller también nos abrió los ojos. A los participantes y a mí. Dialogar con funcionarios de gobiernos nacionales de Centroamérica resultó sencillo. Pero cuando uno quiere influir en la manera en que las comunidades reciben asistencia, vincular a las personas en el terreno es primordial. Así que los participantes de nuestro taller visitaron las comunidades afectadas por huracanes, deslizamientos de tierra e inundaciones. Hablamos con mujeres que habían perdido a sus hijos porque el sistema de advertencia temprana no funcionó («las baterías estaban agotadas», explicó con tristeza un funcionario). Conversamos con un alcalde que suspiraba al decir que la ayuda a su pequeño pueblo estaba demorada porque pertenecía a un partido político distinto al del gobierno. Conversé con el comandante de una unidad militar especializada que respondía con impaciencia cuando mencionábamos los estándares internacionales de derechos humanos: «Por supuesto que queremos hacer lo correcto, pero cuando son las 3 de la mañana, no hay electricidad, el nivel del agua está subiendo y la gente no quiere dejar sus casas, ¿qué es lo correcto? ¿Los obligamos a evacuar en contra de su voluntad? ¿Obligarlos a salir es una violación a sus derechos humanos? ¿O los dejamos ahí para que mueran?». No tuve una respuesta; la ley internacional no provee una respuesta clara al respecto. Sin embargo, esta es una pregunta que nuestro Proyecto abordará durante el transcurso del próximo año: ¿Cuándo está bien obligar a las personas a abandonar sus hogares? Es una pregunta que, dada la realidad del cambio climático, continuará adquiriendo más relevancia.

No el típico seminario de Brookings. Además de la importante capacitación que se dio a los servicios de respuesta inmediata en la región, el seminario también nos brindó una oportunidad de investigación inusual: escuchar de primera mano a bomberos hondureños, a la Cruz Roja costarricense y alcaldes salvadoreños hablar sobre sus experiencias cotidianas. Mi próximo libro tratará sobre los derechos humanos, la política y las catástrofes naturales. Si hubiera seguido una metodología de investigación típica y hubiera programado entrevistas individuales, me hubiese tomado semanas reunir la misma cantidad de información que logré reunir en pocos días en este taller. Salí del taller con 30 páginas de notas sobre derechos humanos, catástrofes naturales y política que incluiré en mi próximo libro. También salí del taller sintiendo una enorme admiración por los equipos de búsqueda y rescate, los bomberos y los trabajadores locales de Protección Civil que coordinan asistencia en todo tipo de catástrofes. Siento algo de orgullo porque, gracias a nuestro trabajo, ahora tienen mayor consciencia sobre la dimensión de los derechos humanos en su labor.

Los pilares de Brookings calidad, independencia e impacto. Estoy orgullosa de la calidad e independencia de la investigación de nuestro Proyecto, pero me siento aún más orgullosa cuando veo el impacto directo de nuestro trabajo sobre algunas de las personas más vulnerables en el mundo. No fue el típico seminario de Brookings; pero es algo de lo que Brookings puede estar muy, muy orgulloso.