The Brookings Institution and The Washington Post

¿Mientras el miedo a la deuda aumenta, cuál es nuestra situación actual?

Ahora que ha pasado el peor momento de la crisis de crédito de 2008-09, la actividad económica de EE.UU. ha ido mejorando desde el último verano. No obstante los recientes problemas económicos de Grecia, , han despertado una gran preocupación en relación con los mercados de crédito globales. Una lección fundamental aprendida de la crisis financiera es que los trastornos de los mercados de crédito pueden dañar la economía en general. En el cuarto índice “¿Cuál es nuestra situación actual?”, un equipo de expertos del Instituto Brookings ha analizado los últimos cinco trimestres para determinar en qué circunstancias se encuentran los mercados de crédito de EE.UU. y qué problemas pueden proceder de los desequilibrios fiscales a largo plazo.

La disponibilidad de crédito en los hogares y negocios americanos es desigual, lo cual refleja las condiciones económicas generales. Muchas empresas grandes y establecidas pueden conseguir financiación barata a través del mercado de bonos corporativos. Del mismo modo, las familias que cumplan ciertas condiciones pueden obtener hipotecas con una tasa de interés baja. No obstante, muchos compradores de viviendas de alto riesgo ya no pueden encontrar financiación hipotecaria económica, y los pequeños negocios siguen luchando para obtener créditos.

La respuesta política a la Gran Recesión ha creado nuevos problemas, a pesar de haber reducido algunos riesgos del mercado de crédito,. La disminución de las riquezas, los ingresos y el crédito en los hogares se compensó en parte con un aumento considerable de los préstamos del gobierno para mitigar la caída de la demanda de bienes y servicios. La deuda pública de EE.UU. ha aumentado hasta el 53% del producto interior bruto y se prevé que llegue al 67% en el 2020. Además, el aumento en el balance general de la Reserva Federal de 0,9 trillones de dólares a finales del 2007 a 2,4 trillones de dólares ha provocado la preocupación de algunos analistas por las presiones inflacionarias.

La preocupación que está surgiendo en relación con la cesación de pagos de la deuda soberana presenta una barrera para el crecimiento económico global. La situación de Grecia que ha llevado a la nación a estar al borde de suspender sus pagos ha elevado bruscamente el costo de la deuda del gobierno de Grecia y ha despertado el miedo de que esta situación se extienda a otros países de la Eurozona como Portugal y, en menor medida, a España.

La buena noticia es que la situación fiscal de Grecia es muy diferente de la de EE.UU. Grecia tiene una deuda y un déficit mayor en relación con su PIB y una falta de competitividad debida en parte a los elevados costos de la mano de obra. Grecia no puede compensar su problema de competitividad ajustando su tasa de cambio porque utiliza el euro. Su gobierno ha emprendido un programa difícil de austeridad fiscal, pero sus resultados (con la ayuda del respaldo externo en términos realistas e, idealmente, de una economía mundial más fuerte) tardarán en llegar.

En cambio, la competitividad de EE.UU. sigue siendo relativamente alta. Aunque la proporción de deuda por PIB de EE.UU. continúa aumentando, sigue siendo mucho menor que la de Grecia (86% el año pasado). El dólar estadounidense tiene mucha demanda y, en cualquier caso, las preocupaciones por la deuda soberana de otros países han incrementado la demanda de bonos del Tesoro de EE.UU., conteniendo nuestros costos de préstamo.

Incluso, ante la situación de Grecia, si la masiva respuesta política consigue estabilizar los mercados financieros globales, aumentar el endeudamiento público de EE.UU. conlleva implicaciones a más largo plazo. La preocupación más clara es que acabaría provocando tasas de interés más elevadas, lo cual reduciría la formación de capital y la productividad y, en última instancia, la riqueza económica. Sin embargo, la crisis financiera de los dos últimos años también nos da otras lecciones. En primer lugar, el gobierno debe estar preparado para intervenir cuando la demanda privada de bienes y servicios se deteriore, pero una deuda sustancial a largo plazo limitará la capacidad del gobierno de Estados Unidos para responder ante una crisis económica en caso que sea necesario. En segundo lugar, en esta economía global tan interconectada, los mercados pueden responder de repente y de forma punitiva a instituciones con un gran apalancamiento. Los mercados financieros presenciaron en el 2008 una pérdida repentina de la confianza de los inversionistas, lo cual provocó presiones en este tipo de instituciones financieras (¿recuerdan lo que ocurrió con Lehman Brothers?)

El gobierno de EE.UU. proporcionó, y debería seguir proporcionando, un apoyo crítico a corto plazo para la economía nacional, la cual continúa en fase de recuperación. No obstante, para reducir la probabilidad de futuras crisis económicas, necesitamos mostrar urgentemente un compromiso convincente con una fortaleza fiscal a más largo plazo.