¿Cuál es nuestra situación actual en el mundo?

Índice nº 3: Los cuatro últimos años

A juzgar por la mayoría de parámetros, Estados Unidos y el mundo entero están en una situación mejor que hace un año, cuando el presidente Obama tomó posesión del cargo. Aunque pocos estadounidenses olvidarán el miedo al colapso económico mundial que acompañó a la 44ª investidura presidencial y las drásticas medidas del estímulo y las decisiones de prioridades que tuvieron que tomarse para detener el brusco descenso económico, el optimismo del público, calculado en función de varios medidores de encuestas de opinión, se ha recuperado.

Sin embargo muchos trabajadores, en especial los de la región del Cinturón del Sol, la cual estaba prosperando posteriormente, siguen sufriendo grandes tasas de paro. En algunos sentidos, hemos vivido un deterioro del mercado desde el 2006, cuando el crecimiento del PIB mundial era de casi el 4% y el crecimiento del comercio mundial era más de un 20% superior que en el 2009. En este tercer índice “¿Cuál es nuestra situación actual?”, un equipo de expertos de Brookings echan un vistazo a los indicadores claves locales, nacionales y globales de los últimos cuatro años para evaluar la posición cambiante de Estados Unidos y del sistema internacional mundial.

A pesar de todos los dolores de cabeza del presidente Obama causados por el plano domestico, la popularidad del país en el extranjero ha crecido, especialmente en Europa, donde el grado de aprobación a Estados Unidos casi se ha duplicado desde el 2006. La popularidad del presidente americano en Estados Unidos, del 57%, también es considerablemente mayor que en los cuatro años anteriores. Incluso los niveles de satisfacción generales, que cayeron notablemente con la crisis en el 2008, aumentaron en la mayoría de las regiones del mundo en el 2009.

La imagen positiva de Estados Unidos debería facilitar una mayor cooperación ya que los líderes mundiales verán más fácil trabajar con Estados Unidos siendo el país más popular con su gente. No obstante, es significativo que la recuperación de la popularidad del presidente en Europa y en Asia sea el doble que la del mundo árabe y musulmán, a pesar de la hábil y determinada manera en la cual Obama ha tratado de acercase a este grupo en especial. Al pueblo árabe le agrada el nuevo tono adoptado en Washington pero mantiene su escepticismo por la falta de resultados, en asuntos simbólicos en los que Obama prometió cambios más significativos: la paz entre Israel y Palestina, el cierre de Guantánamo y el compromiso con Irán.

Aunque casi todos los indicadores claves de la economía mundial cayeron de un modo significativo el año pasado, en la actualidad podemos respirar más tranquilos. El pronóstico económico para el 2010 es mucho más positivo, a pesar de que existen muchas discusiones sobre cuán sólida y sostenible será la recuperación, en especial en las economías desarrolladas de Estados Unidos, Europa y Japón, en las que el lento crecimiento del empleo y los altos niveles de deuda limitarán cada vez más la capacidad de los gobiernos de estimular el crecimiento económico sin generar inflación.

Irónicamente, estas economías en la actualidad dependen de que sigan prosperando las economías de los mercados emergentes y en vías de desarrollo, que han superado a las economías más avanzadas a la hora de sobrellevar la crisis y también en los rendimientos previstos. Estas economías mantuvieron índices de crecimiento del PIB positivos (de media) para el 2009 y se espera que crezcan un 6% en el 2010, algo comparable con el crecimiento negativo del 2009 y con el reducido crecimiento del 2,1% de las economías avanzadas.

En estas estadísticas de crecimiento existe una segunda ironía incluso mayor: las economías avanzadas que provocaron la crisis económica, con Estados Unidos a la cabeza, eran modelos de gestión fiscal pobre, deudas demasiado apalancadas, y regulaciones financieras inadecuadas. La inminente crisis de deuda de Grecia es un ejemplo de aquello. En cambio, las economías de los mercados emergentes pudieron aguantar la tormenta y recuperarse más rápidamente sobre todo porque, en su mayoría, siguieron las reformas del “Consenso de Washington” recomendadas por instituciones financieras internacionales de influencia americana (disciplina fiscal y normativa, regímenes comerciales liberalizados y diversificados, y obligaciones reducidas de deuda exterior).

Estas economías emergentes no están libres de problemas económicos, pero han salido de la crisis con una fuerza la cual se tiene que considerar. Y son conscientes de ello. La renovada confianza de la China, la India y el Brasil en concreto ha creado expectativas de que su posición como potencias emergentes se tenga en cuenta y sea reconocida dentro del sistema internacional. Esto ha empezado ya a generar tensiones, sobre todo en las relaciones cada vez más complicadas entre China y Estados Unidos.

Gestionar el equilibrio entre estas potencias cambiantes requerirá la constante atención del presidente Obama. En este aspecto, le ha ayudado el reestablecimiento de las relaciones con Rusia, que debería tener como resultado un nuevo tratado de reducción de armamento y una mayor cooperación internacional a la hora de enfrentarse a las amenazas de la proliferación nuclear de Irán y Corea del Norte.

El exitoso retiro de las tropas estadounidenses de Irak se demuestra por el hecho de que las víctimas civiles se han reducido a la mitad en los últimos cuatro años y de que la lucha por el poder se esta inclinando más hacia el terreno político, conforme que se avecinan las elecciones. Los contratiempos serán inevitables pero, si podemos mantener este impulso positivo en el 2010 a nivel político y militar, entonces podremos centrarnos en la importante tarea de integrar a un Irak en plena recuperación dentro del marco de seguridad de todo el Golfo.

Eso también hará posible que Estados Unidos centre su atención en Irán, la otra potencia del Golfo, que parece cada vez más determinada en llegar al umbral del armamento nuclear en el 2010. La agitación del país en 2009 provocada por las elecciones amañadas de junio del 2009 ha generado una ruptura con el régimen iraní, y entre el régimen y el pueblo, lo cual conlleva a que hallan resultados impredecibles. Por el momento los partidarios intransigentes parecen haber consolidado su control y haber descubierto recientemente que desafiar a las exigencias internacionales para frenar su programa nuclear puede ayudar a centrar la atención de la opinión pública en problemas exteriores.

Este acto de rebeldía iraní llega en un momento en el que el presidente Obama está presionado políticamente a demostrar su firmeza en las cuestiones de seguridad nacional. También debe proteger su propia iniciativa de política exterior que consiste en fortalecer el régimen de no proliferación nuclear. Parece haber elegido el programa nuclear de Irán como el tema en el cual hay que ponerse firme y adoptar una postura sólida para evitar una carrera armamentística nuclear en el Medio Oriente. Se avecinan tensiones crecientes y una posible confrontación.

Una vez más, resulta irónico que mientras Obama es considerado débil e incapaz de cumplir a nivel internacional, en la cuestión del terrorismo (el problema de seguridad nacional más crítico para el pueblo americano) se vieron progresos muy importantes en el año 2009 . Las víctimas de los ataques terroristas se mantuvieron constantes mientras que la cantidad de militantes talibanes y de Al Qaeda asesinados o capturados por parte del ejército paquistaní aumentó de forma drástica. No está nada claro si la decisión de Obama de enviar 30.000 tropas adicionales a Afganistán, junto con la implementación de una nueva estrategia política de separar a las tropas talibanes de sus líderes y a sus líderes de Al Qaeda, tendrá éxito en el 2010. La cuestión que queda pendiente acerca de toda esta empresa es si el gobierno, el ejército y la policía afgana serán capaces de reafirmar el control del territorio y del pueblo recuperado de los talibanes gracias a la más sofisticada aplicación de las fuerzas de la OTAN.

Esa cuestión es especialmente importante porque el presidente Obama ha dejado claro que la retirada de las tropas americanas de Afganistán empezará dentro de dieciocho meses. Aunque este compromiso estará condicionado por las circunstancias de ese momento, esto pone de relieve una nueva realidad a la que debe empezar a acostumbrarse Estados Unidos en el 2010. El gran obstáculo de la deuda, que ya es del 53% del PIB, o la enorme cifra de 7,5 trillones de dólares este año, va en camino de crecer todavía más hasta 8,8 trillones de dólares, el 60% del PIB, en el 2010. Solucionar este problema exigirá un serio ajuste de cinturón. Hasta ahora la administración de Obama ha eludido los gastos en seguridad nacional. Pero, sencillamente, esta situación se vuelve insostenible con el paso del tiempo. Los recortes en el presupuesto de defensa serán tan necesarios como las reducciones en otros gastos no discrecionales por parte del gobierno de EE.UU. Además, esto supondrá inevitablemente menos compromisos en el extranjero.

En resumen, mientras el mundo se está recuperando claramente, y por suerte, de las crisis del 2009, nuevas crisis y retos se avecinan para Estados Unidos. Tanto en seguridad nacional como económica, todavía no estamos fuera de peligro.